sábado, febrero 06, 2016

Historias de Dioses. El Nacimiento de la Fantasía (Apéndice 2: Sincretismo, Paradigma e Ideas Erróneas)


Cuando comencé a escribir los artículos acerca de los dioses y la mitología había un par de conceptos que rondaba constantemente mi cabeza, los cuales me inspiraron a separar a los dioses por categorías, dándole relieve a lo que me refiero. Sincretismo y arquetipos son dos palabras claves a la hora de estudiar mitos de manera científica. Hay temas que una y otra vez se repiten y que merecen ser analizados con más detención.

Comencemos por el dios primigenio, ese anciano de barba blanca, ojos brillantes como el cielo, padre de todo y señor del rayo. Este personaje se repite una y otra vez entre todos los pueblos indoeuropeos, que es como los etnólogos conocen a los grupos humanos que poblaron Europa. Se sabe en la actualidad que el Viejo Continente fue poblado en diferentes oleadas que provenían desde el norte de la India y las praderas de lo que hoy llamamos Irán. Desde los celtas, griegos y latinos, hasta germanos, vikingos y eslavos; al final todos tienen el mismo origen, así que no es de extrañar que el dios padre de sus mitologías fueran sólo una derivación de lo que se presume fue el protodios de los indoeuropeos. Por eso, cuando hablamos de Zeus, Odín, Júpiter, Dagda o Perún, estamos tratando en realidad con facetas diferentes de un mismo dios, el cual se terminó mezclando con una deidad proveniente de oriente para sobrevivir hasta la actualidad.


El origen del Yahveh no es tan sencillo como la biblia nos cuenta. Tomando varias características de dioses de sus vecinos, como del semítico Baal, del egipcio Ra y del persa Ahura Mazda, los hebreos del reino de Judá crearon una deidad nacional que sobreviviría  hasta nuestros días. Hacía el siglo VIII A.C. es que comienzan a encontrarse los primeros vestigios de la adoración de un dios único por parte de los judíos, siendo también la época en que se empezaron a escribir los libros sagrados de este pueblo. En un principio se trataba sólo de un dios entre muchos, luego pasando a ser el único dios digno de culto para los hebreos (siendo este un culto henoteista, que quiere decir que no se niega la existencia de otros dioses, pero sólo uno merece adoración), hasta llegar a ser un dios único. Al final, cuando Yahveh se transformó en el dios de los cristianos, los cuales se impusieron por sobre los politeístas de Europa, éste asimiló varios de aspectos del dios supremo indoeuropeo, lo cual es patente cuando miramos a la deidad barbada de los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.


Ahora, la diosa madre es mucho más antigua que su contraparte masculina, pues ya vimos en su momento que hay vestigios prehistóricos del culto a una imagen maternal conocida como la Venus del Paleolítico. Luego, cuando los panteones se llenaron de diosas encargadas de todo tipo de funciones, siempre detrás de todas ellas estaba la diosa primigenia, la madre y amante de esos hombres de las cavernas. Y esto es muy decidor, porque el dios padre es muy característico de las mitologías Europeas, mientras que la Madre está presente en todo el mundo. Hera, Dana, Friga, Coatlicue, Pachamama, Nüwa y Amaterasu son sólo los ejemplos más obvios, porque todas las diosas, incluso las extraoficiales como María, son la encarnación de la Madre, la tierra, la luna, el útero que dio origen al mundo.


Pero también hay historias que se cuentan una y otra vez y sólo son cambiados los protagonistas. Una de estas leyendas son las de la lucha del dios contra el monstruo, la cual suele representar el combate entre el orden y el caos, la luz y la oscuridad o bien y mal. Quizá el mito original en el que se inspiraron todos los otros es la lucha entre Marduk y Tiamat, la cual también fue una de los primeros relatos mitológicos escritos. Luego esta pelea se repetiría una y mil veces, ya sea entre Seth y Apep, Zeus y Tifón, Teshub y Illuyanka, Thor y Jörmundgander, Quetzalcóatl y Cipactli, Indra y Vritrá o San Jorge y el dragón. Este enfrentamiento épico incluso se encuentra en el Apocalipsis, donde el arcángel Miguel se enfrenta al Dragón escarlata que representa al Diablo, por lo que el dios heroico y el monstruo que luchan es una imagen muy enraizada en nuestra psique.


Otro mito que se repite mucho y que quizás se base en desastres ecológicos reales es el diluvio. Los mitos hablan de la totalidad de la tierra inundada a causa del enojo de los dioses, pero nuestros registros geológicos desmienten esto, por lo que de haber ocurrido algo así, debió de ser en  zonas acotadas geográficamente. Además, las normales inundaciones que aún ocurren en la actualidad, para el hombre primitivo debieron de ser como el fin del mundo. En occidente, todos conocemos la historia de Noé y su arca llena de animales, pero la verdad es que ella se basa en el babilónico Utnapishtim, que a su vez desciende del Atrahasis caldeo, el cual es una versión del original Ziusudra sumerio. Pero los griegos también tienen su propio sobreviviente al diluvio, siendo este el hijo de Prometeo, Deucalión, quien junto a su esposa Pirra construyeron un arca y sobrevivieron a la inundación. Por otro lado, los mesoamericanos también cuentan leyendas de grandes diluvios que pusieron fin a alguna era, pero la verdad es que no tienen relación real con sus contrapartes del otro lado del Atlántico.


Ahora, que hayan sincretismos y arquetipos comunes no quiere decir que existiera una relación amistosa entre estos pueblos sólo por tener el mismo origen cultural, pues si lo pensamos bien, todos los humanos descendemos de primates que vivieron en la sabana africana, pero igual nos llevamos mal entre nosotros. Hoy, debido principalmente a ideas desarrolladas por el movimiento de la Nueva Era, se piensa que en la antigüedad existía una especie de hermandad pagana en la cual reinaba la tolerancia religiosa, lo cual debe ser lo más alejado de la realidad. Decirle a un griego clásico que su poderoso Zeus era en realidad Odín con toga y menos loco, o viceversa, era un insulto que de seguro traería consecuencias bastante graves. Pues, si bien hubo dioses que extendieron su culto mucho más allá de las fronteras de sus civilizaciones natales (tenemos el caso de Isis, Serapis, Mitras, Yama o Cibeles), fueron casos puntuales y en los cuales los dioses se adecuaron a la mentalidad de quienes los adoptaron.

Serapis Griego

Otro error muy común es confundir los panteones y las creencias. Por lo general la ignorancia occidental pretende agrupar todo lo que le es incomprensible, por lo que hoy da lo mismo entre los mayas, los aztecas y los incas, o entre chinos y japoneses. Incluso se suele confundir a celtas, nórdicos y eslavos, haciendo mezclas bastante extrañas. En algunos comic he visto a druidas (sacerdotes celtas) rendirle culto a Odín (dios nórdico), sencillamente porque esos pueblos vivían en el norte de Europa, usaban pieles y eran de cabellos claro (los celtas eran más pelirrojos, mientras que los nórdicos rubios). Pero esto también se debe a los movimientos esotéricos del siglo XIX, los cuales juntaron mitos de diferentes lados y los mezclaron, creando relaciones eclécticas entre deidades que de verdad no tenían nada que ver.


Ahora, tenemos la mirada moderna de los mitos antiguos, las cuales pretenden ser ancestrales. Puede parecer poco entendible, pero pongamos como ejemplo a la Wicca, la supuesta religión de las brujas, la cual toma diferentes conceptos de religiones antiguas, se inventa otros y los combina para crear una religión pagana/new age. La verdad es que la Wicca data de los años 50’s del siglo XX y, a pesar de que la diosa y el dios consorte de que hablan son paradigmas reales, lo son para la investigación científica de los mitos, para la sociología y antropología. Por mucho que insistan, nunca hubo una religión de las brujas o algo así, sino que diferentes cultos politeistas que fueron mal interpretados por los inquisidores cristianos. Además, para cuando se dio la caza de brujas generalizada en la cristiandad, estos cultos ya estaban más que agonizantes, así que las pobres mujeres que murieron en la horca y en la hoguera eran simples cristianas que sufrieron debido a la misoginia y la ignorancia.


Es tal la cantidad de las falsedades que se creen acerca de las religiones que existían antes de que el monoteísmo se impusiera en el hemisferio occidental, que hoy muchas de las religiones que se dicen sus continuadoras se auto denominan neopaganas. La palabra "pagana" fue usada por los cristianos para referirse a aquellos que se empecinaban en continuar adorando a los viejos dioses, por lo cual no intentaba ser un nombre respetuoso. Este término deriva del latín pagus, que quiere decir campo. Ahora, muchos le han dado en la actualidad el sentido de que pagano se refiere a gente que vive en el campo en equilibrio con la naturaleza, según las enseñanzas ecologistas de sus dioses (¿?), pero la verdad es que originalmente se refería a rústicos e ignorantes que vivían fuera de las ciudades y aún abrazaban las viejas supersticiones. Etimológicamente, pagano es sinónimo de palurdo, estulto e ignorante, así que usar ese nombre para definir la fe que uno profesa me parece inapropiado, además que es la forma en que el cristianismo metió dentro de un cajón de sastre a estas religiones, sin interesarse por sus diferencias.


Por último, las religiones politeístas que fueron reemplazadas por el cristianismo desaparecieron en procesos diferentes. Se suele decir que los seguidores de Jesús persiguieron a los adoradores de los viejos dioses con saña hasta que consiguieron matarlos a todos, lo cual no es ni siquiera una verdad a medias. En Europa el cristianismo se expandió gracias a una fuerte e inteligente campaña por parte de los misioneros que se presentaron ante los pueblos del norte y del este, consiguiendo que muchos se convirtieran voluntariamente. Ejemplos de guerras santas en contra de las viejas fes a una escala considerable sólo existen dos, que son la conquista de Sajonia por Carlomagno y la cruzada emprendida por los caballeros teutónicos en contra del reino de Lituania. Por el contrario, las más grandes guerras por motivos religiosos se dieron entre monoteístas judeocristianos, como las cruzadas en Oriente o la persecución a los cátaros.


Por el contrario, en América, no sólo las religiones fueron arrasadas por los conquistadores europeos, sino también civilizaciones completas. Acá se les obligó a punta de espada y pistola a nuestros antepasados a adorar al dios crucificado, siendo destruidos templos y registros de los mitos de estas culturas. Todo lo que se conoce de los dioses de América y sus historias es gracias a la poca información que sobrevivió a las hogueras de los evangelizadores.



Bueno, estos son algunos comentarios que creí que eran necesarios para darle otro vistazo al tema de los dioses y como debemos entender sus historias, así como concepciones que son del todo discutibles y que parecen establecidas como ciertas en la actualidad. No obstante, en el último artículo que le dedicaré a este tema hablaré de los dioses en la actualidad y como son representados en nuestra ficción.

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