lunes, marzo 14, 2016

Abracadabra: Magos y Brujas en la Historia (Parte 4)


En el capitulo anterior hablamos acerca de las matanzas de brujas llevadas a cabo por las diferentes iglesias cristianas en Europa y en las colonias inglesas de América. No obstante, no todo fue personas inocentes llevadas ante el verdugo, pues existieron casos con ribetes siniestros que aún en la actualidad son estudiados por los historiadores para debelar qué cuota de verdad hay en estos relatos. Conozcamos algunos casos de brujería que, a pesar de sus historias increíbles, son absolutamente reales.
Retrocedamos un poco a finales de la Edad Media, cuando la Guerra de los Cien Años entre las coronas de Francia e Inglaterra daba sus últimos estertores. En este momento histórico aparece un personaje muy peculiar llamado Gilles de Montmarency-Laval, Barón de Rais. Gilles desde pequeño fue una persona violenta y sin limitaciones, aunque también inteligente y encantador. De joven su furia fue encausada hacia sus enemigos militares, siendo de Rais uno de los capitanes de las tropas de Juana de Arco y muy cercano a la Doncella de Orleans, incluso organizando un grupo de rescate cuando ella fue quemada por los ingleses en la ciudad de Ruan (paradójicamente acusada de brujería). Luego Gilles de Rais se retiró a vivir en sus castillos, gozando de gran prestigio al ser reconocido como Mariscal de Francia. No obstante, su vida de gran señor le significó dilapidar su fortuna, por lo que recurrió a magos y alquimistas para lograr producir oro. Así, de Rais se empezó a rodear de una corte de hombres de pocos escrúpulos y charlatanes, quienes potenciaron sus ansias más escuras, entre los años 1432 y 1440 chicos entre 8 y 10 años fueron secuestrado por de Rais y sus cómplices en la región de Bretaña, siendo todos vejados, torturados, violados y desmembrados en rituales de tipo satánicos. Cuando ya la situación era incontenible, las autoridades eclesiásticas y seglares tomaron cartas en el asunto, haciendo prisionero a de Rais y juzgándole por homicidio, sodomía y brujería. Gilles de Rais fue ahorcado el 26 de octubre de 1440, siendo sus víctimas calculadas en un millar, más o menos. En 1697 el cuentista Charles Perrault nos presenta el relato de hadas de “Barba Azul”, personaje inspirado en Gilles de Rais.


Otro caso de asesinato en serie condimentado con brujería y vampirismo se dio en Transilvania. Erszébet Báthory nació en 1560 en el seno de una de las familias más poderosas de la nobleza húngara. Desde pequeña se distinguió por su gran belleza e inteligencia, siendo al mismo tiempo una mujer muy culta, algo que era atípico en una época en que hasta los nobles eran analfabetos. A los quince años se casó con el conde Ferenc Nádasdy, con quien tuvo cuatro hijos. No obstante, a la muerte de su esposo, ocurrida por una enfermedad contraída en la guerra, algo cambió en la condesa, rodeándose de personajes siniestros como su mayordomo Ficzkó, las brujas Dorotea, Helena y Piroska, la joven sirvienta Katryna y la esposa de un burgués llamada Erzsi Mojorova. Con ellos comenzó a realizar rituales en los que se bañaba con la sangre de chicas vírgenes, pues según ella creía, eso le devolvería la juventud. Mientras sus víctimas fueron chicas del pueblo llano no tuvo problemas, pero cuando comenzó a asesinar a doncellas de la baja nobleza las cosas cambiaron. Ella y sus cómplices fueron apresados y juzgados por sus crímenes, en los cuales se incluyen la ingesta de sangre, pacto con demonios, brujería y orgías. Los secuaces de “La Condesa Sangrienta” fueron ejecutados, mientras que a Erszébet la encerraron en sus aposentos, tapiaron la puerta y dejaron sólo una abertura para alimentarla. La condesa sobrevivió 4 años en ese encierro. Se piensa que mató a 630 muchachas vírgenes, aunque algunos historiadores dicen que es sólo una leyenda negra exagerada por quienes se beneficiaron por la condena de Erszébet.


Ahora, en el caso de Báthory y de Rais, la práctica de brujería era sólo un condimento a sus impulsos sicopáticos. Al final, ambos serían lo que hoy conocemos como asesinos en serie y sus conductas no pueden ser atribuidas a prácticas satánicas, sino a que sus mentes funcionaban mal.
Por esos mismos años aparece una organización que tiene varias similitudes a la masonería. La Orden Rosacruz es una hermandad esotérica que se dice fue fundada por un personaje mítico llamado Christian Rosenkreuz, un cultor del esoterismo que se supone que nació en el seno de una familia cátara en el siglo XIV y que viajó a oriente en buscas de secretos mágicos y alquímicos. En la actualidad hay un sin número de organizaciones alrededor del mundo que se dicen sucesoras de la Orden Rosacruz original, lo cual no hay forma de corroborar. Por otro lado, en 1842 sir Edward Bulwer-Lytton escribe la novela “Zanoni” en que nos cuenta la historia de dos rosacruces, Zanoni y Mejnour, que buscan dos discípulos a quienes iniciar en la orden. Este libro produjo el renacimiento del movimiento rosacruz en la segunda mitad del siglo XIX en Francia e Inglaterra.


Pero volviendo a los casos de brujería con un trasfondo siniestro, nuevamente en Francia tenemos otro que sacudió los cimientos de la misma monarquía. Durante el reinado del Rey Sol, Luis XIV, en París estalla un escándalo en que se mezclaban la práctica de satanismo, elixires, venenos, abortos, sacrificio de niños, misas negras y sacerdotes renegados. Catherine Deshayes Monvoisin, conocida como La Voisin, era una mujer dedicada a las artes oscura, confeccionando elixires y venenos para su clientela, entre la que podía encontrarse a los cortesanos más connotados de Versalles. Cuando la policía francesa llegó a la casa de la mujer se encontró un altar donde se realizaban misas negras en honor a Satán y se asesinaban niños. Luego de interrogar a La Voisin y a su círculo más cercano, la mujer entregó pruebas que implicaban a distintas mujeres de la nobleza, incluyendo a la mismísima amante del Rey, Françoise-Athénaïs, Marquesa de Montespan. Al final Luis XIV decidió echar tierra sobre la participación de nobles en estos hechos y los condenados a la hoguera fueron solo plebeyos, entre ellos La Voisin.


Pasando al siglo XVIII, en Inglaterra encontramos una de las agrupaciones de caballeros más misteriosa, la que ha dejado un montón de mitos tras de sí. Fundado por Phillip, duque de Wharton, el Club del Fuego del Infierno era una sociedad de caballeros que se reunían en un principio en tabernas públicas y luego en la propiedad de sir Francis Dashwood en Londres. El nombre de Club del Fuego del Infierno no fue oficial, sino el que usó la gente que sospechaba de las actividades de estos hombres importantes, a los que se les acusaba de ser brujos que realizaban orgías y sacrificios al Diablo. La hermandad, que contó con miembros tan importantes como el padre fundador de Estados Unidos Benjamín Franklin, se disolvió cuando Dashwood fue nombrado para formar parte de la Cámara de los Lores, ya que sería mal visto que se siguieran haciendo reuniones secretas en su propiedad. No obstante, algunos conspiranoicos sostienen que el Club del Fuego del Infierno sigue existiendo y realizando sus rituales además de buscar el dominio mundial. Por otro lado, los menos alarmistas dicen que en verdad eran un grupo de ricos edonistas que se juntaban a reírse de la moral cristiana bebiendo mucho y fornicando con prostitutas.


Dentro de la colección de personajes pintorescos y míticos que tiene la historia de la magia, quizá uno de los más famosos en la actualidad es el Conde de Saint Germain, un místico, alquimista, charlatán, francmasón y diplomático de nacionalidad desconocida. Las noticias que se tienen de este sujeto lo ubican en el siglo XVIII, pudiendo ser el hijo de un noble transilvano, pero esto es sólo especulación. Su primera aparición documentada es en Viena, donde se codea con la alta sociedad y es conocido por su gran riqueza y cultura. Luego se muda a París, siendo nuevamente favorito de los poderosos, en especial del rey Luis XV y de su amante Madame de Pompadour, viajando luego por Rusia, Alemania, Bélgica, Holanda e Inglaterra, aunque otras sostienen que su itinerario también incluyó a Turquía, África, la India y el Tíbet. Se sabe que fue conciderado un hombre con grandes conocimientos mágicos, vendiendo elíxires, diciéndose experto en alquimia y escribiendo un tratado esotérico titulado “La Santísima Trinosofía”, aunque de todas, sus dotes de diplomático fueron las más notables. Oficialmente Saint Germain murió en 1784, no sabiéndose nunca su verdadero nombre, sino una colección bastante extensa de alias. No obstante, aún en la actualidad hay testimonios de encuentros con el mítico Conde, quien se dice que logró la inmortalidad.


Pero Saint Germain no fue el único en tener injerencia en la política francesa, pues tenemos al conde italiano Alessandro di Cagliostro, quien se hizo famoso en Francia como doctor, alquimista, adivino y francmasón, además de un gran estafador. Algunos sostienen que Cagliostro era en realidad un sinvergüenza italiano nacido bajo el nombre de Giuseppe Balsamo, pero la verdad es que no se tiene nada seguro acerca del origen de este personaje. Fue muy popular entre la nobleza gala, participando en el famoso fraude del collar de diamantes, el cual fue un escándalo que dejó por los suelos el nombre de la corona francesa (en especial de la reina María Antonieta) y terminó siendo uno de los detonantes para la Revolución. Por este delito Cagliostro pasó 9 meses en la Bastilla, exiliándose luego en Londres, desde donde viajó después a Italia. Ahí la Inquisición lo culpó de ser masón y fue condenado a presidio perpetuo, muriendo encerrado en 1795.



Luego, con la llegada de las Revoluciones de finales del siglo XVIII y principios del XIX las nuevas clases dirigentes no se mostraron muy partidarias de las supersticiones del pasado. Si bien las logias masónicas y otros grupos parecidos siguieron manteniendo poder entre las clases dirigentes, el desarrollo de la humanidad es determinado por el avance de la ciencia, pasando la magia a ser una creencia arcaica y una diversión de salón. No obstante, aún quedan por aparecer importantes cultores de esoterismo que darán que hablar en los dos siglos siguientes.

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