lunes, marzo 28, 2016

Abracadabra: Magos y Brujas en la Historia (Parte 6)


Hice un pequeño hiato por semana santa en cuanto a la revisión de la historia de la magia y la brujería, así que recapitulemos. Durante el siglo XIX la llamada “Magia Ritual” fue la corriente más popular entre las altas esferas de la sociedad, en especial en la nobleza y la burguesía ascendente, teniendo importancia en esto organizaciones como los francmasones, los rosacruces y otras nuevas como la Teosofía o la Orden del Alba Dorada. Por otro lado, también se hizo popular, al nivel de una atracción de salón, el espiritismo, con médiums invocando  espíritus de muertos y fotografías de gente vomitando ectoplasma. Por último, y ya totalmente desprovisto de cualquier connotación mística, los ilusionistas comienzan a hacer espectáculos que llenan teatros, donde la gente se impresiona ante el arte de hacer ver lo que en realidad no es.

Para principios del siglo XX un fenómeno literario que empezó a gestarse en la anterior centuria ya ha adquirido cierta madurez, teniendo cultores dedicados y dispuestos a que sus obras sean tomadas en serio por la cultura establecida. Estoy hablando de las corrientes de ciencia ficción y fantasía, las cuales están en vías de dejar de ser literatura sólo para adolescentes y niños. No obstante, en los cuentos infantiles es donde la fantasía aún se concentra y es ahí donde encontramos un famoso mago que hizo su primera aparición en 1900. Escrito por Lyman Frank Baun e ilustrado por W.W. Denslow, “El Maravilloso Mago de Oz” nos cuenta la historia de una pobre chica de Kansas llamada Dorothy Gale, quien por casualidad llega a una tierra maravillosa llamada Oz, donde se hace de amigos y compañeros de viaje (un espantapájaros, un hombre de hojalata y un león cobarde), enfrentando a la Malvada Bruja del Oeste, quien es una representación de todo lo establecido en las leyendas medievales, con la piel verde, un sombrero de punta, nariz con berruga y montada en una escoba. Al final, Dorothy busca llegar a la Ciudad Esmeralda y conocer el poderoso Mago de Oz, un misterioso personaje que parece ser el único en ese lugar con el poder de devolverla a su casa. Este fue el primer cuento infantil que usa elementos típicamente americanos en su narración, dejando de lado los tópicos europeos imperantes hasta ese momento. La adaptación más famosa de esta historia es la película musical de 1939 “El Mago de Oz”, protagonizada por Judy Garland.


A finales de siglo XIX, una familia judío-húngara emigró a Estados Unidos en busca de nuevos horizontes. Uno de sus hijos, Erik Weisz, llegó a ser el ilusionista más grande del siglo XX, y quizá de la historia, aunque es más seguro que lo conozcas por su nombre artístico: Harry Houdini. Famoso por sus espectaculares actos de escapismo, aunque también realizaba otra clase de trucos, Houdini eligió su nombre artista en honor a Jean Eugène Robert-Houdin, el iniciador del ilusionismo moderno. Fue la primera celebridad americana del siglo XX, siendo famoso en una época donde los únicos medios de comunicación masivos eran los periódicos, la radio y incipiente cine. Por otro lado, tuvo intereses en varias otras áreas, como la aviación (fue la primera persona en volar por cielos australianos) y el cine (fue productor y filmó algunas películas como actor que se han perdido). Estuvo relacionado con H.P. Lovecraft, quien fungió de escritor fantasma para una publicación en “Wird Tales” con el nombre del mago, y fue amigo de Sir Arthur Conan Doyle, de quien luego se alejó, pues Doyle era un creyente convencido en lo paranormal, mientras que Houdini se dedicó a desenmascarar psíquicos y médiums. Harry Houdini murió debido a complicaciones físicas que le causaron los golpes recibidos de parte de unos estudiantes universitarios en Montreal, quienes deseaban probar la legendaria resistencia física del mago. Entre sus legados se encuentra el “Código Houdini”, un grupo de palabras secretas sólo conocidas por él y su esposa, para que los médiums que intentaran contactarlo luego de muerto pudieran demostrar la verdad de sus aseveraciones. Bess Houdini participó en incontables sesiones de invocación y ningún espiritista fue capaz de decirle al menos una palabra del código.


Ya hemos nombrado a Lovecraft como colaborador de Haoudini, con quien estuvo trabajando en un proyecto que consistía en un ensayo en contra de las creencias paranormales llamado “El Cáncer de la Superstición”, el cual no fue terminado por la muerte de Houdini. No obstante, en su universo literario, Lovecraft creó un semblante mucho más siniestro de los practicantes de la magia, en el cual estos conjuran fuerzas primigenias, dioses alienígenos y malignos, los cuales entregan poder, pero se cobran la salud mental del invocador. Ejemplos de esta clase de mago hay muchos en la obra de Lovecraft, entre los que podemos contar al Viejo Whateley (“El Horror de Dunwich”), Charles Dexter Ward (“El Caso de Charles Dexter Ward”) o el famoso Abdul Alhazred (Historia del Necronomicón).


En 1934 el creador de personajes de comic Lee Falk nos presenta un mago que será un arquetipo emulado varias veces en el medio; me refiero a Mandrake el Mago. Vestido con un impecable frac, sombrero de copa, un bastón y capa, Mandrake era un ilusionista que  posee poderes hipnóticos capaces de afectar la mente de otros, haciéndoles ver lo que él desee. Mandrake es ayudado por el poderoso Lothar, su amada Princesa Narda, su cocinero y artista marcial Hoho y su amigo Magnon en su lucha ccontra los criminales. Mandrake ha tenido pocas apariciones en otros medios fuera del comic, contándose una película de 1939, un telefilm de 1979 y la serie animada de 1986 “Los Defensores de la Tierra” en que hace equipo con El Fantasma Que Camina y Flash Gordon.


Pero es en 1937 que por primera vez conocemos a la encarnación arquetípica más moderna del mago. Fue el escritor sudafricano J.R.R. Tolkien quien nos presenta en su novela de aventuras “El Hobbit” a Gandalf el Gris, un mago en el cual se mezclan dos personajes del pasado: Merlín y Odín. Gandalf es un anciano que recorre los caminos de la Tierra Media ayudando a quienes se encuentra a su paso, aunque muchos no saben por qué, siendo él quien impulsa a Bilbo a dejar su casa y a seguir a la cuadrilla de Enanos que quieren recuperar la Montaña Solitaria de las manos del Smaug el Dragón. Luego, en la trilogía de “El Señor de los Anillos” Gandalf se vuelve más importante, como una especie de vigilante que lleva años observando los movimientos del malvado Saurón y atento a las señales de la aparición del Anillo Único. También llamado Mithrandir, Incánus o Tharkûn, su verdadero nombre es Olórin y es el mago ficticio moderno más característico y famoso.


Por su lado, Walt Disney adaptó  varios cuentos clásicos infantiles a películas animadas, incluyendo a las malvadas brujas que en estos aparecen, como la Reina de Blancanieves o Malefica de la Bella Durmiente. No obstante, en 1940 presenta una película especial, la que acercaba la animación más que nunca hasta ese momento a su máxima expresión artística. “Fantasía” ponía imagen a piezas de música clásica, entre las cuales están la Tocata y Fuga de Bach, el Cascanueces de Tchaïkovski o la Sexta Sinfonía de Beethoven. Pero en cuanto al tema de esta reseña, el cuadro “El Aprendiz de Brujo” toma la pieza homónima del compositor francés Paul Dukas y acompaña la historia de Mickey como el aprendiz del mago Yensid, quien toma prestado por un rato el sombrero mágico de su maestro y anima una escoba para que haga su trabajo, lo cual derivará en un desastre. 


Una historia poco conocida acerca de un mago real es la de Jasper Maskelyne, conocido en Inglaterra como “El Mago de la Guerra”. Maskelyne fue un famoso ilusionista inglés en la década de los 30’s, quien al estallar la Segunda Guerra Mundial ofreció sus servicios y conocimientos al ejército británico. Para las autoridades militares en un principio resultó casi risible que un mago les pudiera servir de algo, pero los conocimientos de Maskelyne acerca de cómo engañar al ojo humano con trucos de percepción forzada e ilusiones ópticas demostraron ser impagables en la guerra en el norte de África. Fue capaz de mimetizar de forma indetectable nidos de ametralladoras y otras estructuras militares a pesar de que quien las estuviera buscando pasara sobre ellas. Pero estos no fueron sus logros más importantes, sino que fue capaz de crear un ejército falso que era detectado por los aviones alemanes y les confundía acerca del movimiento del ejército real; confeccionó una copia del puerto de Alejandría que fue bombardeada por los alemanes de noche y, quizá su truco más espectacular, usó luces estroboscópicas apuntadas al cielo, haciendo desaparecer el Canal de Suez, uno de los principales objetivos del enemigo. Fueron muchos otros los aportes de Maskelyne, los cuales son secretos militares que sólo serán liberados al público en 2046. Maskelyne siguió con su carrera de mago después de la guerra y falleció en Kenia en 1973.


Ahora, en las líneas enemigas encontramos magos de la vieja guardia. La Sociedad de Thule fue una agrupación esotérica en la que se mezclaban tradiciones místicas de corriente masónica, paganismo nórdico y racismo ario, influenciando a los ocultistas del partido nazi. Fundado por Rudolf Sebottendorf, quien en realidad se llamaba Adam Glauer, un estudioso de lo oculto que viajó a oriente y entró en contacto con la filosofía sufí. La finalidad de la sociedad era estudiar los orígenes del pueblo ario, tratando de demostrar que eran los últimos descendientes de la Atlántida. Por otro lado, eran fervientes anticomunistas y antisemitas, siendo muchos de los principales personeros del partido nazi también miembros de la Sociedad de Thule, como es el caso de Rudolf Hess, Alfred Rosenberg y Julius Streicher. Luego, cuando Hitler subió al poder, prohibió la organización y envió a la cárcel a Sabottendorf por decir que ellos estaban detrás de su ascensión al poder. No obstante, Hitler fue un gran asiduo a consultar magos y mentalistas, creyéndoles incluso más que a sus propios generales, lo que hizo que tomara decisiones militares bastante estúpidas.


Otra sociedad secreta que se supone vio la luz en la Alemania Nazi fue el Vril o Sociedad de la Verdad. Para ser justo, a diferencia de Thule, de la que tenemos pruebas ciertas de su existencia, de Vril sólo sabemos lo que algunos han publicado sin aportar ningún antecedente fidedigno. Por la poco que se sabe, la sociedad estaba inspirada en un libro de ciencia ficción de 1871 llamada “The Coming Race or Vril: The Power of the Coming Race” del británico Edward Bulwer-Lytton, en la cual hablaba de una raza que avanzada que habitaba el interior de la Tierra y que usaban una fuente de energía mística conocida como Vril. Supuestamente hubo quienes creyeron que esta historia era real, por lo que buscaron la civilización intraterrestre o quisieron develar los secretos del Vril. Supuestamente las investigaciones de estas sociedades impulsaron a Hitler a pavonearse de la existencia de armas secretas que volcarían el resultado de la guerra, cosa que obviamente nunca sucedió.


Ya dejados atrás los terribles años de la Guerra, en Inglaterra comienza a cuajar un movimiento que pretende rescatar las creencias del pasado. Uno que se ha transformado en una religión reconocida en varios países es la Wicca o religión de las brujas. Según la versión de los propios wiccanos, la religión existe desde la prehistoria, siendo de carácter matriarcal y teniendo como principales deidades a la Diosa Madre (Luna) y al Gran Dios Astado (el Cazador). Este era el culto practicado por las brujas durante la Edad Media, quienes en realidad fueron sacerdotisas wiccanas a las que se les acusó de satanismo debido a la ignorancia de los inquisidores. Por el contrario, la realidad apunta a que todo esto fue inventado por un jubilado llamado Gerald Gardner, quien en su momento fue cercano a Aleister Crowley, el que seguro influenció su pensamiento. Gardner dijo que había sido iniciado por un círculo de brujas en New Forest, Hampshire, quienes le enseñaron los antiguos rituales, los cuales el completó; pero la verdad es que tomó conceptos místicos rosacruces, del Alba Dorada, de la cábala, de estudios antropológicos de los mitos antiguos y cosas de su propia cosecha, los mezcló y creó una religión que en verdad sólo existe desde 1954.


Así, dejamos esta historia detenida por un momento a principio de los sesenta, donde los hippies traerán de vuelta el misticismo y buscarán verdades trascendentales ayudados por drogas. Verán una guía en oriente, en especial en la india, mientras que otros se rebelaran en contra del paradigma juedeo-cristiano, aprovechando la libertad de culto de Estados Unidos para crear la primera religión abiertamente satánica. Todo esto lo veremos en el próximo capítulo.

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