miércoles, marzo 30, 2016

Abracadabra: Magos y Brujas en la Historia (Parte 7)


Con la llegada del siglo XX varias cosas cambiaron. En primer lugar, la tecnología ha tenido un salto exponencial con respecto a los avances de épocas anteriores, teniendo en los últimos cien años más logros que en los anteriores mil. Esto ha hecho que varias de las creencias supersticiosas vayan siendo sistemáticamente desacreditas, incluso las seudo científicas que se han puesto en boga para darle un halo serio a creencias que de verdad no lo son. No obstante, también ha sido la época más tolerante hacia las prácticas mágicas, porque a pesar de que muchos las consideremos como un fraude, sencillamente en la actualidad la máxima de “cada loco con su tema” se impone. Recordemos que hace sólo 200 años la sola tenencia de un tarot podía significar una incómoda visita de la inquisición. Un ejemplo de esta apertura es el nacimiento de la religión Wicca, la cual sólo pudo hacerse pública una vez que en Inglaterra se derogaron las leyes medievales en contra de la brujería; no porque se considerara que era necesario para garantizar la libertad de culto, sino porque tener una ley de ese tipo es tan ridículo como regular la tenencia responsable de unicornios.
No obstante, nos habíamos quedado en los años cincuenta, donde el mundo estaba recién viendo los primeros movimientos de la Guerra Fría. Es en este contextos en que las dos superpotencias comienzan a buscar cualquier método que les permita imponerse a la otra; incluso aquellos no convencionales. Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética tuvieron programas de investigación secretos en que buscaron enrolar psíquicos para que funcionaran como espías, ayudados por sus supuestos poderes de clarividencia y control mental. En esto, los que más empeño pusieron fueron los rusos, quienes en sus universidades estudiaron concienzudamente a personas que decían tener habilidades sobrenaturales. Todas las investigaciones fueron infructuosas y, al final, los rusos se dieron cuenta que una hermosa espía podía lograr más que un psíquico (googleen “Caso Profumo” para ver un ejemplo de esto).


Pero ya en los 60’s el movimiento hippie es el caldo de cultivo para filosofías esotéricas de lo más eclécticas. Grandes estrellas de rock fueron seguidores de estas filosofías mágicas, como es el caso de Jimmy Page y su afición a todo lo que estuviera relacionado con Aleister Crowley, incluyendo símbolos esotéricos en los caratulas de los discos de su banda Led Zeppelin. Por su lado, los Beatles buscaron orientación mística en oriente, con un gurú llamado Maharishi Mahesh Yogi, quien les enseñó meditación trascendental. No obstante, estas son sólo muestras del gran interés que los jóvenes de los 60’s tuvieron por el misticismo, buscando trascender a través de drogas psicodélicas, chamanismo, misticismo hindú, Wicca y otras corrientes neopaganas.


Y en todo este ambiente proclive a la experimentación y la contracultura, siempre hay quienes quieren ir un paso más allá. El 30 de abril de 1966 un autoproclamado Papa Negro llamado Anton Szandor LaVey funda la primera iglesia oficialmente Satánica. Llamado verdaderamente Howard Stanton Levey fue el hijo de inmigrantes judíos venidos de Rusia que desde su juventud quiso ser actor y participar del glamur de Hollywood, sin lograrlo por su falta de talento escénico. Al mismo tiempo, LaVey era asiduo estudioso de ciencias ocultas, en especial de los libros de Aleister Crowley, por lo que decidió un buen día fundar su propia región satánica, con juegos de azar y mujerzuelas. No obstante, contrario a lo que cree el vulgo, la nueva religión no buscaba en verdad adorar al diablo, sino ser una mofa y denuncia en contra de las religiones judeocristianas, que según LaVey mantenían la conciencia de los creyentes esclavizadas con su moral. De hecho, muchas veces LaVey decía que no creía en la existencia material de Satanás, sino que lo utilizaba como un símbolo de subversión y liberación de las cadenas de las religiones establecidas. Por otro lado, hay que tener claro que LaVey no era ni mucho menos un idealista consistente, sino más que nada un personaje que logró hacerse de un lugar en las altas esferas de Hollywood gracias a su iglesia, teniendo entre su feligresía a importantes miembros de la industria del cine y la entretención. Era tal la inconsistencia en las ideas de LaVey, que a pesar de declararse no creyente en todo tipo de deidad y de desechar el misticismo, luego decía practicar magia e invocar no sólo al Diablo, sino a dioses como Thor, Dagón o Set. Al poco tiempo de funcionar, la iglesia tuvo sus primeras disensiones, siendo una de ellas la de Michael Aquino, un cercano a LaVey que se aburrió de la falta de fe en la oscuridad de éste y fundó El templo de Set,  una agrupación racista que sí cree que adora a un dios maligno. Con el tiempo, de la Iglesia de Satán se escindieron también La Primera Iglesia de Satán y el Templo del Vampiro; la primera liderada por la hija de LaVey, Karla, mientras la otra fue fundada por un amigo del Papa Negro llamado Lucas Martel.


Por su lado, en el comic, Marvel tenía dentro de su universo una sub trama sobrenatural, con personajes con poderes mágicos. En de este hilo narrativo es que aparece el hechicero más grande del universo de superhéroes de la Casa de las Ideas: el Doctor Stephen Strange. Creado por Stan Lee y Steve Ditko en 1963, se trata de un cirujano que debido a un drama personal recorre el mundo en busca de respuestas, lo que lo lleva al Tíbet, donde conoce al Mago Supremo llamado “El Anciano”, quien lo toma como discípulo. Strange aprende el uso de las fuerzas místicas y con el tiempo heredará el título de Mago Supremo, siendo el encargado de defender la Tierra de amenazas místicas. Dr. Strange ha tenido una adaptación a televisión de 1978, ha aparecido en varias series animadas y tiene un film animado propio de 2007. Este año se estrena una película donde Stephen Strange es encarnado por el actor británico Benedict Cumbertbatch.


Entre 1964 y 1972 el mundo conoció las aventuras de una bruja que intentaba pasar por un ama de casa casada con su marido humano y madre de dos hijos. Samantha es una hermosa bruja que se casa con un publicista llamado Darrin Stephens, con quien tienen dos hijos. El problema es que tratan de llevar una vida normal, cosa que es muy compleja debido a la familia de Samantha, en especial su madre, quienes no entienden por qué ella se ha enamorado de un mortal. "Bewitched" es una de las sitcom más exitosas de esa década, la cual aún se ve en nuestras pantallas. Todo el mundo recuerda perfectamente a Elizabeth Montgomery haciendo su famoso movimiento de nariz.


Una película de 1973 que se ve influenciada por el movimiento Wicca y el neopaganismo es la producción titulada “The Wicked Man”. Un sargento de policía llamado Neil Howie debe ir a las irlas Hibridas a investigar la desaparición de una niña. Ahí, este ferviente cristiano se percata que toda la población es parte de un culto pagano que ha sacrificado a la niña a sus dioses. Se trata de una muy buena película de misterio en la cual vemos el choque cultural que puede tener un cristiano al estar en una comunidad que aún mantiene las creencias de la antigua religión celta. La película cuanta con la actuación del recordado Christopher Lee, la hermosa actriz polaca Ingrid Pitt y está basada en la novela “Ritual” del escritor David Pinner. Hay un remake de 2006 en que actúa Nicolas Cage que es mejor olvidar. 


Ya en los 70’s y 80’s en la televisión alrededor del mundo se hicieron famosos tres supuestos psíquicos que reventaban los ranking en el horario prime. El primero era un israelí de origen húngaro llamado Uri Geller, quien se mostraba ante los sorprendidos ojos de los televidentes haciendo que relojes se pararan, doblando cucharas y adivinando dibujos en papeles contenidos en sobres cerrados. Otro era un tele evangelista germano-americano llamado Peter Popoff, quien decía que era capaz de ver el futuro y hacer sanaciones milagrosas. Por último está el autodenominado psíquico James Haydrick, quien decía tener el poder de la telequinesis, haciendo rodar lápices sobre una mesa o corriendo las hojas de una guía telefónica sin tocarlas.  No obstante,  hubo quien no creyó en los maravillosos poderes que estos sujetos pregonaban tener, siendo esta persona el ilusionista y escéptico canadiense James Randi, quien observó que estos tipos se valían de trucos de ilusionismo para falsear sus habilidades sobrenaturales. Randi desenmascaró públicamente a cada uno de estos tres personajes, mostrando los trucos que usaban y que, cuando se les ponía en un ambiente controlado de forma científica, sus poderes desaparecían. Como lo hizo Houdini en su momento, James Randi se ha especializado en desenmascarar fraudes,  lanzado el desafío de pagar 1 millón de dólares al psíquico que demuestre en una prueba controlada en un laboratorio sus dones especiales. Nadie ha pasado el desafío.

Documental que da testimonio del trabajo de James Randi

Uno de los directores de terror que revolucionó el género en los 70’s fue el italiano, quien dio sus primeros pasos en el giallo, un subgénero de suspenso típicamente italiano. No obstante, en 1977 nos presentaría una película de terror que retomaba el tema de las brujas y que sería la primera parte de una trilogía. “Suspiria” nos cuenta la historia de una chica que asiste a una afamada academia de ballet, pero una vez ahí se encuentra con que ocurren cosas siniestras que la llevan a descubrir que el lugar en verdad se encuentra controlado por un sabbat de brujas liderado por una hechicera poderosa conocida como la Mater Suspiriorum. Luego, en “Inferno” de 1980, nos enteramos que las hay tres madres brujas, siendo las otras dos la Mater Lachrymarum y la Mater Tenebrarum. Todo culmina con “La Terza Madre” de 2007, donde vemos el retorno de la Mater Lachrymarum, lo que pone de cabezas al mundo. La obra de Argento no solo es importante por sus historias, sino por el arte cinematográfico con que las presenta, siendo una inspiración para directores como John Carpenter, Paul Schrader y Brian de Palma.


Los años 80’s fueron la época dorada del neoliberalismo, debido a lo cual los paradigmas que se manejaban en los comic cambia, adecuándolos a los nuevos tiempos. Un ejemplo interesante es Lex Luthor, quien pasa de ser un científico loco a un despiadado hombre de negocios. Por su lado, era necesario de poner al día la imagen del mago, siendo el escritor Alan Moore quien crea un hechicero acorde con el momento. John Constantine apareció por primera vez en las páginas de “La Cosa del Pantano” en 1985, pero luego tendrá su propia serie titulada “Hellblazer”, siendo un cínico hechicero inglés proveniente de la clase proletaria, quien siempre lleva una gabardina de color caqui y un cigarro encendido en la boca. Constantine es una de las encarnaciones más modernas del anti-héroe, siendo alguien que intenta trabajar por el bien, pero que no le hace asco a ningún recurso a la hora de conseguir sus objetivos. Además, siendo un experto en artes místicas, prefiere no usarlas hasta que la situación es desesperada, confiando más en su astucia y su encanto de sinvergüenza. Constantine tiene dos adaptaciones, una al cine en que sólo se respetó el nombre del personaje y una serie que algunos aún tenemos la esperanza que llegue a tener una segunda temporada algún día.


Pero la historia no queda acá, aunque de aquí en adelante nos encontramos con menos gente que pretende tener poderes reales, sino con personajes de ficción en diferentes medios que han encarnado al mago o a las brujas. En el próximo capítulo veremos cómo un chico con una cicatriz en la cabeza cambia el paradigma del hechicero, mientras en el mundo real hay sujetos que hacen desaparecer la Estatua de la Libertad.

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