lunes, marzo 07, 2016

Abracadabra: Magos y Brujas en la Historia (Parte 3)


Los libros de historia suelen ser simplista a la hora de exponernos el cambio de una edad a otra, por lo que pareciera que cuando el Medievo dio paso al renacimiento, el oscurantismo quedó en el pasado y la humanidad comenzó su camino a pie firme que la llevaría a un futuro libre de supersticiones. La verdad es muy diferente a esto.

A pesar de que existían leyes en contra de la brujería desde finales del Imperio Romano, la Inquisición medieval no se dedicó especialmente a la persecución de los practicantes de ciencias ocultas. El verdadero enemigo para los presbíteros del Medievo eran los herejes, los pocos creyentes de las viejas religiones que quedaban en los márgenes de la Cristiandad, los judíos que medraban por toda Europa y, en el caso de España, los musulmanes. Por lo general, lo anterior se intentó solucionar por la vía de las armas y la hoguera, no siendo siempre los resultados satisfactorios. Las ocho cruzadas contra los musulmanes en Tierra Santa terminaron en un fracaso, sólo consiguiéndose por la vía de la guerra santa la Reconquista Española, aunque cuando los árabes fueron reemplazados por los turcos otomanos en la hegemonía del Islam, estos fueron capaces de tomar Constantinopla (la capital del cristianismo de oriente) y llegar a las puertas de Viena. Por su lado, las religiones antiguas fueron cediendo gradualmente a lo largo de toda la Edad Media; en la mayoría de las ocasiones gracias a la tarea de misioneros, aunque hubo casos violentos como el de Lituania, donde los Caballeros de la Orden Teutónica arrasaron el último reino en el cual se adoraba a los viejos dioses eslavos. Por último, los disidentes cristianos fueron perseguidos sistemáticamente en toda Europa, siendo quizá la acción de fuerza más dramática la cruzada en contra de los Cátaros en el sur de Francia. No obstante, las brujas y magos no pasaban de ser sólo una superstición del pueblo ignorante, habiendo incluso instrucciones papales a los inquisidores para que no prestaran oído  a las denuncias de brujería y pusieran su atención en aquello que era realmente importante.


Pero las cosas cambian hacia el término de la Edad Media. En 1484 el Papa Inocencio VIII firma la bula Sumnis desiderantes en la que declara que la brujas existen y que están concertadas con el Diablo para acabar con la Cristiandad, derogando la norma del 906 que establecía que la brujería era una superstición y que quien creyera en ella era un hereje. Esto da la partida para la Cacería de Brujas que se desarrollo en Europa, la cual se llevó a cabo en paralelo con en proceso de la reforma protestante, siendo los cristianos disidentes tan celosos en matar a las brujas como sus contrapartes católicas.


Por su parte, en respuesta a lo expresado por el Papa, dos monjes dominicos alemanes publican en el año 1487 un manual de persecución de brujas que será tristemente famoso. El “Malleus malificarum” es obra de Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, quien vertieron en sus páginas todas sus fantasías alocadas y su sexualidad reprimida para crear un mamarracho que hace apología a la ignorancia y la misoginia. Como cualquier pornógrafo, los monjes pusieron mucho cuidado en describir los actos de pecaminosa carnalidad que ocurrían en los aquelarres, así como la manera de torturar a las mujeres y buscar las marcas del diablo en sus genitales, ano o pechos. Y es que estos manuales hacen expreso que las aliadas de Satán son las mujeres, olvidándose de los hombres que practicaban la alquimia y otras artes prohibidas al alero de los grandes señores.


Un ejemplo de la mano blanda que se les aplicaba a los hombres es uno que dio origen a un clásico de la literatura. En la época de la Reforma, por las ciudades de Alemania viajaba un charlatán que engañaba tanto al pueblo llano como a los grandes señores. Se trata de Johan Georg Faust (1480 – 1541), quien se decía astrólogo, alquimista y mago, dándose el título a sí mismo de doctor, y adjudicándose poderes sorprendentes. Fue muy popular en la convulsionada Alemania de la esos años, siendo el objetivo de las condenas de varios líderes protestantes, como Melanchthon y Lutero. Luego, en 1587 se escribe “Historia von D. Johann Fausten”, que crea la leyenda del mago. Este texto alemán inspira al poeta inglés Christopher Marlowe para escribir su obra de teatro “The Tragical History of the Life and Death of Doctor Faustus”, en que nos cuenta la historia de un erudito que ha llegado a dominar todo el conocimiento humano, por lo que decide hacer un pacto con el diablo para continuar con su senda a la iluminación. Así, acompañado por el demonio Mefistófeles, recorre el mundo en busca de nuevas experiencias, a pesar de saber que cuando se cumpla el tiempo del pacto, irremediablemente su alma será arrastrada al infierno. Esta historia ha sido tomada por distintos escritores y se le ha tratado de dar diferentes lecturas; no obstante, dentro de su interpretación clásica, una de las más valiosas artísticamente es la del poeta romántico alemán Wolfgang Von Goethe de 1807.


Otro personaje que fue protegido por poderosos en Francia fue el supuesto profeta Michel de Nôtre-Dame, más conocido como Nostradamus, quien realizó predicciones para importantes personalidades, como la reina Catalina de Medici. Su obra más afamada es “Les Propheties”, en cuyas cuartetas supuestamente predice todo lo que ha ocurrido hasta nuestros días. No obstante, la verdad es que su fama se debe a los fans actuales del vidente, quienes hacen calzar sus palabras con hechos ocurridos luego, produciéndose el efecto conocido como precognición retroactiva. Una muestra de la poca credibilidad de Nostradamus es que predijo una gran guerra para 1999, cosa que aún espero.


Pero en Europa las hogueras estaban encendidas y ávidas devoraban la carne de las presuntas brujas. No sabemos exactamente cuántas mujeres fueron asesinadas, pero las estimaciones van desde las 60.000 y los 2 millones y medio. Ahora, hay teorías modernas que dicen que las brujas eran sacerdotisas paganas y guardianas de una antigua sabiduría, lo cual no tiene ningún asidero en la realidad. La mayoría, sino la totalidad, de las mujeres que murieron en la hoguera eran buenas cristianas que se vieron envueltas en una psicosis que afectó a la población de Europa. En esa época la delación fue el pan de cada día, donde entre vecinos se acusaban por intereses mezquinos, así como cualquier persona rara para los cánones de la época podía ir a parar en el fuego. Además, estaba la tortura, como sumergirte amarrado en un poso para ver si flotabas, porque las brujas lo hacen; o ver si se sentía dolor por hierros ardientes, pues las brujas son insensibles.


Por su lado, el arte seguía retratando a brujas y magos. Ya vimos el nacimiento del mito de Fausto, pero otro importante autor inglés nos trajo un par de ejemplos de hechiceros. William Shakespeare en sus obras tocó varias veces la cuerda de lo sobrenatural, apareciendo en sus piezas fantasmas, demonios y hadas. En cuanto a los magos, uno de los más famosos es Próspero, duque de Milán y uno de la protagonistas de la obra “La Tempestad”. Al ser usurpado su señorío por su hermano, Prospero se exilia con su hija en una isla desierta, donde pone a su servicio a un salvaje llamado Calibán y a un espíritu del aire llamado Ariel. Allí estudia magia y planea su venganza, viendo la oportunidad cuando el barco en que va su hermano pasa cerca de su isla.


Otra obra en que las brujas tienen protagonismo es en “Macbeth”, la cual nos cuenta acerca de un noble escocés que llega a ser rey de su país a través de la traición. En esta historia, el futuro de Macbeth es vaticinado por unas brujas que se encuentra a la vera del camino, las cuales lo saludan con el título de rey.


No obstante, de vuelta a la realidad, nos encontramos que Isabel I de Inglaterra también contó con su mago privado. John Dee fue un astrologo, alquimista, matemático, navegante y científico inglés que se dedicó principalmente a servir como consejero de la Reina Virgen, siendo muy influyente en sus decisiones de estado. Se piensa que Dee fue tomado como modelo por Shakespeare para crear a Próspero.


Ahora, entre los casos de condenados a la hoguera por brujería uno de los más famosos ocurrió en la campiña francesa en los tiempos del cardenal Richelieu. En una ciudad llamada Loudun había un párroco llamado Urbain Grandier, quien llevaba una vida disoluta, siendo amante de varias mujeres de la alta sociedad local, lo cual le acarreó la inquina de poderosos enemigos. Éstos consiguieron alejar por un tiempo al sacerdote de su cargo, pero luego Grandier consiguió volver a su puesto gracias a la ayuda de amigos influyentes. Por ese entonces, las monjas de un convento ursulino de la ciudad comenzaron a experimentar arrebatos y visiones místicas, las cuales aseguraban ver al párroco Grandier. Esto fue tomado como signo de posesión demoniaca por parte del confesor de las monjas, uno de los enemigos de Grandier. Se realizó el ritual de exorcismo a las 17 monjas, incluida la superiora, en que estas hicieron proposiciones obscenas a los exorcistas, chillaron, se contorsionaron y le echaron la culpa a Grandier de haberlas embrujado. Luego de varios tira y aflojas, por orden del mismo Richelieu, a quien Grandier había criticado varias veces, el sacerdote fue torturado y quemado en la hoguera en 1634. Urbain Grandier siempre mantuvo su declaración de inocencia y los exorcismos debieron proseguir hasta 1637.

Retrato de Grandier junto al supuesto contrato con el Diablo donde
se puede ver la firma de éste
No obstante, ya ad portas del siglo XVIII, el mundo fue dejando cada vez más atrás la superstición, tanto religiosa como mística. La ideas de la ciencia moderna, engendradas por Galileo, fueron dando fruto y lograron separarse de cualquier misticismo. No obstante, incluso en el caso de grandes hombres de ciencia, las antiguas supersticiones aún pesaban. Un ejemplo de ello es Sir Isaac Newton, descubridor de las leyes del movimiento y de la gravitación universal, quien además tuvo que desarrollar una nueva rama de las matemáticas para explicar sus descubrimientos en física, naciendo así el cálculo infinitesimal (aunque hay que ser justo y dar el crédito merecido a Leibniz). No obstante, durante sus últimos años Newton dedicó todo su intelecto a la búsqueda de la Piedra Filosofal y a descifrar los códigos secretos contenidos en la biblia.


Quizá el último gran caso de caza de brujas sea el que se dio en Nueva Inglaterra a finales del siglo XVII. Todo empezó debido a unas chicas que iban a bailar al bosque junto a una esclava negra, las cuales supuestamente realizaban conjuros para que los chicos que les gustaban se enamoraran de ellas. Esto llegó a oído de las autoridades del pueblo y comenzaron a investigar. De pronto, las chicas comenzaron a ver cosas, fantasmas de gente que según ellas venían a atormentarlas y que habían hecho pacto con el diablo, siendo todos brujos. La ciudad de Salem, donde esto ocurrió, ha pasado a la historia como el triste ejemplo de cómo la ignorancia y la superstición pueden ser asesinas. Nuevamente en estos casos tenemos delación entre vecinos, muchas veces llevados por la envidia y el interés de quedarse con las propiedades confiscadas a los presuntos brujos. Si bien no ha sido la matanza más grande, es una de las más recordadas por su cercanía con la actualidad en cuanto al tiempo pasado. Luego de que veinte personas fueran ejecutadas por ahorcamiento, las autoridades de la colonia de Massachusetts detuvieron los juicios y declararon a todos inocentes. Si quieres saber más de los Juicios de Salem, pincha acá.


Antes de terminar, quiero volver a una idea que esboce unos párrafos más arriba. En la actualidad, movimientos como el New Age o la religión Wicca sostienen que las brujas muertas durante los siglos de la cacería son próceres y mártires de las antiguas religiones, quienes fueron muertas por el fanatismo religioso de los cristianos. Lo del fanatismo es cierto, a lo que debemos sumar la misoginia (aunque hay teorías serias que apuntan también al nacimiento del capitalismo como posible culpable), pero hay que dejar algo en claro y es que estas mujeres eran tan cristianas como quienes las quemaban. Los cargos de brujería y los relatos de aquelarres y orgías satánicas no son una mal interpretaciones de cultos paganos, sino que fantasías salidas de la imaginación retorcida de los inquisidores. Y esto es lo peor de todo, porque como si se tratara de una historia kafkiana, estas víctimas se enfrentaron a la tortura y la muerte siendo inocentes y sin entender cabalmente de qué se las acusaba.


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