jueves, marzo 24, 2016

Atentados de Bruselas: Los Refugiados como Chivos Expiatorios


¿Qué se puede decir en un momento como este que no se haya hablado antes? Cuando fueron los atentados de noviembre en París hablamos del conflicto en Oriente Medio, de por qué Siria está inmersa en una guerra y por qué atacar Francia era un símbolo importante para los yihadistas. No obstante, hoy de nuevo nos encontramos con el mismo cuadro triste de hace unos meses: gente asustada, muertos inocentes, agencias de seguridad e inteligencia que no reaccionan a tiempo para evitar atentados y la furia fanática de sujetos que piensan que están haciendo la obra de su dios y que se ganan el cielo por ello.

Cada una de las principales capitales de occidente es un blanco obvio para un ataque del terrorismo islámico, pero Bruselas, a pesar de estar en uno de los países más pequeños de Europa, era una de los objetivos principales para cualquiera que quiera darles un fuerte golpe a los occidentales. En primer lugar, Bruselas es el centro administrativo de la Unión Europea, teniendo ahí su sede la mayoría de las instituciones de este organismo, así que el ataque fue dirigido intencionalmente al corazón de la Europa Unida. No obstante, hay un detalle que poco he escuchado en los análisis y es que Bruselas también es la sede de la OTAN (NATO en sus siglas en inglés), por lejos la alianza militar más poderosa del planeta, cuyo gasto militar equivale al 70% del total de las naciones del planeta.

Cuartel general de la OTAN, Bruselas

Tampoco es casualidad la fecha, en Semana Santa, pues es más que evidente el deseo de sembrar el pánico justo durante las celebraciones más importantes que tienen los cristianos durante el año. Es similar a hacer un ataque a un país árabe durante el mes de Ramadán… cosa que las potencias occidentales han hecho varias veces en los últimos cuarenta años.


Hoy, nuevamente los ánimos se exacerban y los integristas de ambos lados se soban las manos con satisfacción por que este atentado, de una u otra manera, les dará leña para encender los fuegos del prejuicio; comenzando a repartir culpas a diestra y siniestra con el dedo acusador del que se cree dueño de la verdad. Ya se empiezan a ver las opiniones en las redes sociales – que han terminado siendo el foro donde los idiotas y descerebrados pueden gritar más fuertes – en los cuales se culpa a los refugiados, exigiéndose la asimilación cultural de los musulmanes europeos o que se atengan a la expulsión. Yo pensaba que los tiempos  de razias habían eran propios de Hitler o los Reyes Católicos, pero por lo visto los fanáticos de ISIS no son los únicos que extrañan el Medievo.

Moriscos Expulsados de España 

Y es que los grandes afectados con estos atentados son los refugiados, quienes ya están siendo señalados como culpables de este y otros ataques. En un paradoja digna de Kafka, como si no fuera suficiente tener que escapar de su país por la guerra, además se les acusa gratuitamente de terrorista sólo porque tienen la religión incorrecta en el momento más inapropiado. Es como si de pronto todos sacaran el pequeño Donald Trump que llevan adentro y comenzaran a vomitar estupideces sin ton ni son porque el populacho se hace eco de ellas y necesitan con un anhelo enfermizo ser populares.


Las voces que acusan a los refugiados se basan es premisas mentirosas para cimentar sus afirmaciones. En primer lugar, se quejan de por qué los países del Golfo Pérsico no son los que le dan cobijo a los refugiados, siendo que tienen un gran producto interno bruto que les permitiría perfectamente solventarlos económicamente su estadía y que culturalmente son afines. Lo que no toman en consideración es que la mayoría de que escapa de la guerra en Siria son de etnia kurda o musulmanes chiitas, los cuales por ningún motivo van a ser recibidos con los brazos abiertos por países como Arabia Saudita, Kuwait o Los Emiratos Árabes Unidos, donde la corriente islámica imperante es la sunita. Ahora, muchos pueden preguntar qué tan complicado puede ser, si al final son todos musulmanes. Pues piensen en conflictos entre católicos y protestantes, como el que ha ocurrido en Irlanda del Norte, auméntenlo unas diez veces y recién podrán atisbar algo del odio enconado que existe entre sunitas y chiitas.


Por otro lado, pretender que todos los refugiados son agentes de ISIS camuflados es sencillamente una muestra de lo prejuiciosos que podemos llegar a ser cuando nos mueve el miedo. Por el contrario, los yihadistas que han sido acusados de participar en atentados en Europa son en su mayoría musulmanes de segunda o tercera generación, siendo sus padres inmigrantes que llegaron al Viejo Continente en busca de mejores posibilidades. Estos hijos de musulmanes, nacidos en Europa, han tenido que soportar el desprecio por sus tradiciones por parte de los locales, siendo tratados en muchas ocasiones como ciudadanos de segunda e indeseables, ya que no se amoldan a los entandares culturales, su piel es muy morena, el pelo excesivamente rizado o su acento demasiado marcado. Muchos dicen que deberían adaptarse a un estado laico o irse, pero que el estado sea laico quiere decir que debe proteger la libertad de expresión y conciencia, respetando las creencias de todos siempre que estas no atenten contra las libertades individuales. Y es este equilibrio de respeto y tolerancia el que a los extremistas molesta, tanto a los seguidores de Mahoma como a los de Cristo, pues obviamente no se puede permitir que se aplique la sharía (una ley bárbara por donde se la mire), pero tampoco se puede exigir una asimilación cultural forzosa. Recuerden que acá en América fuimos asimilados culturalmente de forma “intensiva”, y no fue para nada un proceso agradable.


El tema de los refugiados es complejo y nadie se está haciendo realmente cargo de él. Hay países en Europa que están aceptando inmigrantes y planes en los de América para hacer lo mismo, pero los porcentajes que se manejan al final dejan esta ayuda sólo como testimonial, pues apenas alcanza a cubrir el número de personas que han debido escapar debido a la guerra en Siria (alrededor de 13 millones); un conflicto para el cual no existe solución pues las voluntades no están puestas en ello.

Por último, la calidad de refugiado no es monopolio de un solo pueblo, sino que le puede pasar a cualquiera; sólo es necesario que algo muy malo pase para que nos veamos obligados a escapar a toda prisa de nuestros hogares, teniendo que dejar atrás lo que era nuestra vida hasta ese momento. Una muestra de eso es mi país, Chile, donde hemos recibido diferentes olas de refugiados. Desde los palestinos cristianos que llegaron a principios del siglo XX escapando de las persecuciones otomanas, los croatas que buscaban una buena vida lejos de los conflictos balcánicos, republicanos españoles a los que Neruda trajo para que no tuvieran que sufrir la venganza de Franco, hasta haitianos que buscan olvidarse de la hambruna y la pobreza. Todos, incluidos los inmigrantes que llegaron sin estar escapando de una tragedia, han sido un gran aporte para el país y ayudan a que nuestra cultura se diversifique, lo cual es benéfico, pues los países son como seres vivos, que si no evolucionan en su mentalidad, están condenados irremediablemente a extinguirse.

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