sábado, abril 30, 2016

Abracadabra: Magos y Brujas en la Historia (Parte 10)


Hasta este momento nos hemos concentrado en las creencias, leyendas y hechos históricos que han determinado la visión que poseemos de los magos y brujas en occidente. No obstante, el mundo es mucho más grande, dándose el fenómeno de gente que practica artes místicas en todas las latitudes.

Una de las modalidades de magia que más extensión ha tenido por el mundo es el chamanismo, que es  quizá la forma más antigua que ha tomado la creencia esotérica. En las culturas más primitivas tenemos a estos hombres sabios que se comunican con los espíritus, conocen los secretos de la naturaleza y ayudan a su tribu a sobrevivir en un mundo hostil. Así, podemos encontrar chamanes desde Laponia hasta el Cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica, desde Siberia al Amazonas o de Australia al norte de Canadá. Aún en el día de hoy, entre los pueblos originarios que tratan de salvaguardar su cultura ante la globalización existen chamanes y son respetados como el vinculo entre este mundo y el de los espíritus.


 Las practicas chamánicas comprenden diferentes modalidades de rituales, todos dependiendo de la cultura a la que pertenezca el hechicero. En algunos casos se usan drogas alucinógenas para inducir trances que les permitan comunicarse con los planos espirituales, mientras que en otros se busca el mismo efecto a través de danzas o el llevar al cuerpo al límite de sus posibilidades para que en el shock se puedan tener visiones estáticas. Los rituales por lo general tienen que ver con la propiciación de la buena voluntad de los espíritus, manteniendo a raya a las entidades malignas, las cuales son las que causan las enfermedades, los desastres naturales y los malos resultados en las siembras y la ganadería.


Del tronco del chamanismo nació en la época de la colonización europea de América y de la importación de esclavos de África una religión famosa por sus prácticas mágicas. En Haití le llaman vudú, hoodoo en New Orleans, santería en Cuba y República Dominicana, candomblé en Brasil y por varios otros nombres en diferentes partes del Caribe y sus alrededores, siendo una religión sincrética que fusionaba las creencias de los nativos yoruba del occidente africano y la iconografía cristiana. Estos esclavos, traídos como reces en los barcos de los conquistadores europeos, trataron de mantener vivas sus tradiciones, disfrazando a sus dioses como santos cristianos, lo que les permitió no llamar la atención a sus amos. Una de las principales características del vudú es que busca la unión con sus deidades, conocidas como orishas o loas, dejándose poseer por ellos, o mejor dicho cabalgar, pues los que sufren de estos trances son conocidos como cheval o caballo en francés.


Y las experiencias estáticas en la magia es algo que se repite en diferentes latitudes. Un ejemplo de esto lo encontramos en el mundo musulmán, donde existen los derviches, una especie monjes mendicantes pertenecientes a la corriente sufí del Islam. Este movimiento busca un desarrollo más espiritual y místico de la fe musulmana, algo que la religión de Mahoma en un principio no le daba tanta importancia, siendo en sí una fe bastante pragmática. El sufismo absorbió en su filosofía corrientes de pensamiento de otros pueblos, creando varias prácticas místicas, entre las que podemos encontrar como la más llamativa a la de los derviches danzantes, quienes bailan girando y girando para alcanzar un trance que les permita llegar a la iluminación.


Por otro lado, las leyendas del islam están llenas de menciones a magos y brujas. “Las Mil y Una Noches”, la colección de cuentos más grandes del mundo árabe, con magos que realizan maravillas, desde encerrar a los djinn (lo que en occidente solemos llamar genios) en artefactos mágicos para que estos seres les sirvieran como esclavos, o crear maravillas como las alfombras voladoras.


Yendo un poco más al oriente nos encontramos con la cultura hindú, la cual tiene una cultura una historia de varios milenios que a veces en occidente es pasada por alto. En estas tierras se desarrolló una compleja mitología con miríadas de dioses y sus múltiples reencarnaciones. También está el misticismo, el cual se encuentra supeditado al sistema de castas que durante mucho tiempo imperó en la India, el cual estipulaba que los encargados del culto y la magia eran los brahmanes. También existe un importante movimiento ascético en la India, pensándose que el sacrificio, tanto físico como mental, es la llave para llegar a la iluminación y la anulación del yo. Y esto es una de los principios que de las principales religiones y movimientos filosóficos de oriente, en los cuales se busca formar parte del Todo Universal a través de la negación del ego, el cual es solo parte de las mentiras de este mundo material.


Pero no todo es privación en la India, pues también tenemos el tantra, el cual postula que el sexo es un catalizador importante de la energía mística. Los practicantes del sexo tántrico buscan que el éxtasis sexual les permita conseguir la iluminación y la conexión con el Todo, para lo cual crearon manuales de prácticas amatorias que buscan aumentar el placer y hacer que sea más extenso en cuanto a tiempo, consiguiendo equilibrar los chakras, que son nodos de energía ubicados en nuestra anatomía.


Acá quiero detenerme y marcar la principal diferencia que existe entre las prácticas místicas occidentales y las orientales. Los magos de occidente buscan el poder para doblegar al universo, ya sea a través de conjuros, invocación de poder divino u demoniaco, o el uso de facultades extrasensoriales. Por el contrario, en Asia la cosa es más introspectiva, pues busca una iluminación personal en que el practicante llegue a fusionarse con el Todo Universal, sea este representado por una deidad o por un principio impersonal. Esta filosofía oriental fue muy apreciada en el occidente, primeramente por los teosóficos de finales del siglo XIX y por los hippies en los 60’s.


Si no movemos más hacia el este nos encontramos con otra cultura que ha tenido milenios de historia ininterrumpida: China. Ellos contaban con magos y adivinos desde tiempos inmemoriales, sabiéndose que hacían predicciones del futuro que escribían en caparazones de tortugas. Luego, en la época clásica de la cultura china nacieron grandes corrientes filosóficas, como el confusionismo y el taoísmo, siendo esta última la que más aportó a las creencias esotéricas del Gran Imperio del Este. Ideado por el sabio Lao Tzu, el taoísmo propugna que el mundo está conformado por dos fuerzas opuestas y complementarias: el yin (lo femenino, oscuro, húmedo y frio) y el yang (lo masculino, luminoso, seco y cálido). Estos principios están presentes en la fuerza vital de todo ser vivo, la cual es conocida como chi. Quienes son capaces de tener conciencia y manejo de su chi son seres poderosos capaz de realizar proezas increíbles, tanto físicas como mentales. Una muestra común del control del chi son los artistas marciales, en especial los monjes shaolín y otros cultores del kung fu. Hay quienes piensan que si se siguen los preceptos del Tao es posible trascender de nuestra condición humana y conseguir la inmortalidad, llegando ser dioses.


Un caso aparte es el Japón, donde su religión nacional, el shinto, a penas ha evolucionado en sus prácticas desde los chamanes que originaron esta creencia. Ahí, los sacerdotes sintoístas son los practicantes de las artes mágicas y guardianes de los templos dedicados a los Kami (dioses). Entre las diferentes funciones de los sacerdotes podemos contra la adivinación del porvenir, realización de bendiciones, ejecución de purificaciones y exorcismos, además que cuentan las leyendas que eran los encargados de enfrentar a fantasmas y monstruos que plagaban la isla según las leyendas de la mitología nipona.


Por último, hay otro tipo de magia que es propia de occidente pero que a nuestros ojos no lo parece, pues ella misma niega ser algún tipo de hechicería. Tanto los sacerdotes católicos, popes ortodoxos o pastores protestantes son en esencia practicantes de un tipo de magia. Obviamente cualquier cristiano dirá que lo que propongo es una blasfemia, pero pensemos un poco y veremos que no es tan alocado. Los sacerdotes cristianos pretenden transformar el vino y el pan en carne y sangre, dicen que con oraciones pueden influir en el desenlace de determinados hechos, pueden echar demonios y, en el caso de los protestantes, curar enfermedades de todo tipo. Todo esto es magia, sólo que su poder tiene como fuente a la deidad judeocristiana. El odio que los cristianos poseen acerca de otras prácticas de tipo mística responde a su deseo de monopolizar el usufructo de la superstición (una de las mayores fuentes de dinero y poder), declarando todas las demás formas de brujería como falsas en el mejor de los casos, o de frentón malignas.


Antes de terminar, quiero hacer notar que en estos artículos he abarcado dos historias diferentes, entrelazándolas. Tenemos por un lado la historia ficticia de la magia, que parte desde las leyendas de los pueblos antiguos y llega a Harry Potter y otras novelas de fantasía actuales. La otra cara de la moneda es los verdaderos magos y brujas, los que veían el futuro en las entrañas de los animales sacrificados y los que lo hacen con tarots y péndulos en la actualidad. Dos historias que tienen que ver mucho la una con la otra, porque se retroalimentan, lo que ha hecho que la línea entre ficción y realidad sea más delgada.

Así, la magia sigue existiendo en nuestra imaginación, lo cual permea a la cotidianeidad. 

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