jueves, abril 21, 2016

LoEG: Viaje al Corazón de las Tinieblas (Acto XVI)

Los Dos Dragones



Mina estaba como petrificada, aunque no por el miedo, el cual sentía y hacía que su frente se perlara de sudor. No, lo que la mantenía pegada al piso era diferente al miedo, sino una fuerza superior que provenía de ese personaje alto y delgado que se paraba frente a ella con una naturalidad ajena a la situación. Se trataba de un caballero vestido con un traje de negro terciopelo, con una camisa de color blanco y una fina corbata de seda roja anudada a su cuello. Su cara pálida era como esculpida en hueso, pero cuando sonrió, unas leves arrugas se dibujaron alrededor de sus ojos, así como sus agudos caninos quedaron a la vista. No obstante, lo que más fascinación y horror le causaba a Mina eran esas dos brazas rojas que brillaban en el interior de sus ojos, como la muestra de que ese cuerpo era habitado por un alma maldita.
- Estás más hermosa que antes, mi querida Mina. He añorado este momento desde que esos malditos intentaron alejarte de mí.
Su voz resonó en la cámara subterránea y en la cabeza de mujer; profunda, seductora e inhumana. Entonces deseó correr con todas sus fuerzas, pero su cuerpo estaba paralizado, como inmerso en una materia viscosa y densa. Entonces, haciendo acopio de toda su voluntad y valor pudo abrir la boca para hablar:
- ¡Co… Conde Drácula! Es una desagradable sorpresa encontrarlo en el subsuelo de París, aunque siempre pensé que su presunta muerte fue sólo una treta para eludir su cita con las llamas del infierno.
La voz de Mina sonó en un principio débil, teniendo que tirar de las palabras para que pudieran salir de su boca. Pero al final fue capaz de mostrarse entera y digna, incluso marcando un notorio dejo de desprecio hacia Drácula en cada sílaba pronunciada. No obstante, malévolo e inhumano, el vampiro sorteó en un parpadeo los casi diez metros que los separaban, quedando frente a ella, con sus narices apenas distanciadas por unos centímetros. Entonces, con los ojos aún más encendidos y relamiendo lascivamente sus colmillos, le contestó:
- Eso es lo que adoro de ti, mi hermosa Mina. No eres como las remilgadas mujeres de tu país, sino que estás hecha de un material más noble que necesita ser liberados de la escoria mortal; un diamante que necesita ser pulido para que muestre su verdadero brillo. Eso es lo que te ofrecí antes y que sigue en pie; disfruta de la inmortalidad conmigo, de los placeres infinitos que te puede proporcionar y la posibilidad de desarrollar tus potencialidades sin que la mojigata sociedad en que vives te coarte.
Mina recordaba como Drácula podía ser increíblemente convincente y seductor, pero no por ello en ese momento se encontraba más alerta o preparada para resistir esos trucos. Mientras le hablaba, el Conde la tomó del talle y la atrajo hacía él, sintiendo ella ese cuerpo antinatural, el cual no despedía calor y que desprendía un olor indescriptible, dulzón, pero con un toque de putrefacción que no alcanzaba a hacerlo desagradable. Entonces, la mujer comenzó a sentir que las piernas le fallaban y que los ojos se le nublaban, como si su cuerpo se hubiera rendido ante los deseos del vampiro. Sin embargo, haciendo acopio de su voluntad, Mina puso las manos sobre el pecho de Drácula y lo repelió con una fuerza que ninguno de los dos esperaba que ella tuviera.
- Ya no soy la jovencita que se veía subyugada por su poder, Conde. Reconozco sus trucos y ya no caigo en ellos. Así que puede guardarse sus propuestas de vida eterna y dejarme en paz.
El monstruo por un momento dejó salir a la superficie su verdadero semblante, siseando entre dientes mientras sus facciones se deformaban por el odio. No obstante, el demonio se contuvo, volviendo a sonreír al mismo tiempo que mostraba que la seducción era el único recurso con que contaba:
- Recia como la hoja de la mejor espada, pero ¿Puede tu orgullo ser más fuerte que tu amor de madre?
La herida estaba abierta y el vampiro metía el dedo en ella sin piedad. A pesar de su entereza, Mina no pudo evitar mirarle con desconcierto ante la mención velada de su pequeño, en especial porque la peor de todas sus pesadillas es que Quincey haya heredado algo de la maligna naturaleza de su padre. Por su lado, el conde, viéndose vencedor, prosiguió:
- Sé de tu pequeño y la verdad es que no creo que ese inútil de Harker sea capaz de protegerlo de mí ¿Acaso no falló al mantenerte alejada de mis brazos? No, mi hermosa Mina, el futuro de tu pequeño está en tus manos, pues si tú aceptas mi propuesta te juro que no tendrá nada que temer de mí.
La señorita Murray sabía que debía de haber una trampa, pero aún así la amenaza a su hijo era algo demasiado grave como para ignorarlo; simplemente si ella debía sacrificarse para mantener a Quincey lejos de ese monstruo, entonces no había momento para la duda. Al verla con el dolor en la mirada, Drácula rió entre dientes y le extendió su mano, la cual Mina tomó con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Como llevado por un deseo animal apenas contenido, el vampiro tiro de la chica y se abalanzó sobre su cuello.
Los colmillos se hundieron en la piel de Mina, agregando dos nuevas marcas al collar de heridas que ella poseía en cuello debido a los anteriores encuentros con el Conde. Entonces la mujer dejó escapar un suspiro desesperado, que muy a su pesar fue transformándose en un gemido en nada decoroso. Odiaba esa parte, pero el fatídico beso del vampiro la sumergía en sensaciones lúbricas tan intensas que era difícil no abandonarse al deleite. Esa mezcla de dolor y placer que poco a poco la iban consumiendo era lo que secretamente había deseado sentir de nuevo durante mucho tiempo y que en las noches la despertaba agitada en su lecho, sintiendo vergüenza y culpa por sus deseos impuros.
Con avidez, Drácula extrajo la sangre de mina gota a gota, devorándola con sibarita placer, hasta que la llevó un punto muy cercano a la muerte. Entonces, como lo había hecho hace unos años en ese departamento del manicomio del doctor Seward, el Conde se alejó de su cuello, abrió su camisa y con una de sus uñas se hizo un profundo corte en el pecho, acercando luego los labios de Mina para que bebiera de él en una impía parodia de cómo una madre alimenta a un hijo. Pero en ese momento, cuando ella creía que esa era la despedida definitiva de su humanidad, una voz áspera la detuvo:
- ¡No lo haga, Mina! Ese monstruo sólo quiere engañarla y conseguir por fin hacer que su alma se condene sólo para vengarse de los hombres que le enfrentaron y la salvaron hace años ¿Acaso en verdad piensa que respetará su palabra de mantenerse alejado de su hijo? Pues la trampa es que seguramente él no le hará daño, sino será usted misma quien irá por él una vez que sea una no muerta sedienta de sangre.
En ese momento Mina se sintió como una tonta, engañada nuevamente por ese maldito monstruo, por lo que avergonzada alejó su boca de la herida sangrante del vampiro, dispuesta a enfrentar a la muerte con la conciencia tranquila. Por su lado, el Conde, desentendiéndose de la mujer, la deja caer al suelo y se enfrenta a Pendragon – quien había sido el que habló a Mina en ese momento – espetándole:
- Me dijeron que tenías la habilidad de engañar a la muerte, pero cuando te olí me pareciste sólo un humano más, por lo que no di crédito a las habladurías. Ahora, espero que no te sientas seguro porque gozas de una corrupción de la verdadera inmortalidad, pues no eres lo suficiente poderoso como para enfrentarte a mí.
Pendragon, limpiándose la sangre que le salía por la comisura de la boca y sacudiendo el polvo de su ropa, parecía no prestar atención al vampiro, lo que hizo que éste más se irritara. Luego ya sintiéndose más presentable, le dijo:
- Eres igual a todas las sanguijuelas que he conocido a lo largo de mi vida; fatuo y con un ego insufrible.
- Pasarás a ser parte de nuestra reserva especial de sangre, pero me encargaré personalmente que no sea una experiencia agradable para ti – le contestó el transilvano, deformando su semblante y mostrando rasgos demoniacos mientras lo hacía.
- Ven por mi sangre si tanto la quieres, chupón – le retó Jack con mirada altiva y una media sonrisa en los labios.
Como un rayo y dejando salir un inhumano chillido, el no muerto se lanzó en contra de Pendragon, mordiendo su cuello sin que éste si quiera hiciera un amago de resistencia. Por desgracia para el vampiro, lo anterior no le pareció sospechoso hasta que fue demasiado tarde. En un principio la sangre que salía de las venas de ese sujeto le pareció tan normal como cualquier otra, quizá mucho menos deliciosa que la de Mina, pero de pronto un sabor amargo le llena la boca, avanza hacia sus entrañas y se transforma en un ardor que comienza a quemarle por dentro.
Asustado por esto, Drácula suelta a Pendragon y siente como sus fuerzas le traicionan, cayendo al suelo y retorciéndose de un dolor que parecía estarle quemando cada una de las venas. Con los ojos llenos de lágrimas de sangre y goteando el mismo líquido por otros orificios de su cuerpo, el Conde mira a Jack y sólo atina a decir:
- ¿Quién eres, bastardo? ¿Cómo tienes ese veneno corriendo por las venas?
Mientras Drácula le hablaba, Pendragon se limpiaba el cuello – en el cual no quedaba herida alguna – y comenzó a buscar a su alrededor, dando al final con una silla que rompió contra la pared, eligiendo una de sus patas, la que mostraba una punta más aguzada. Cuando volvió a prestarle atención al vampiro sus ojos eran de un gris tan frío que incluso el Conde, quien había sentido en muy pocas ocasiones miedo, se encogió asustado y quiso arrastrarse para escapar, cosa que no consiguió por su debilidad. Entonces, con ira a penas contenida, Jack le contestó:
- Fuiste un estúpido al subestimarme, Drácula. Tú has vivido cientos de años y yo más de mil; tu no vida se alimenta de la sangre que robas a mortales, mientras mi inmortalidad fue otorgada por la reliquia más importante de la tierra.
Luego Jack le puso un pie encima, colocó la improvisada estaca sobre su pecho y, antes de hundirla y hacer crujir los huesos del vampiro le dijo:
- Soy Arturo, hijo de Uther, Rey de Britania y Señor del Imperio Romano… dile eso al Diablo cuando te pregunte quién te envía.
El vampiro dejó escapar un chillido horrible antes de quedarse inmóvil  y comenzar a corromperse como un cadáver de varios siglos.
Sin embargo, lo que en ese momento captó todo el interés de Jack fue el deplorable estado de Mina. Como un poseso, Pendragon comenzó a trastear por los estantes que se encontraban en esa estancia, buscando quien sabe qué. Por su lado, Mina ya estaba en sus últimos momentos; su cuerpo se había entumecido y respiraba con dificultad, aunque por lo menos le quedaba la tranquilidad de que Pendragon se había encargado de ese monstruo y su hijo estaba a salvo.
En el momento en que Mina esperaba su encuentro definitivo con la Parca, siente un pinchazo en su antebrazo, aunque el dolor le parece lejano y ajeno. No obstante, de pronto un fuego comienza a fluir por sus venas y a llenar todo su cuerpo de calor, empezando a convulsionar sin control. En medio de ese golpe vital que sacudía a su cuerpo, ella tuvo una experiencia estática en que se vio en situaciones que ella no vivió. Vio una batalla de la guerra civil de los americanos, escaló montañas, fue un monje de abadía, un cruzado, firmó la independencia de Estados Unidos, tuvo algunas esposas y vio impotente cómo se marchitaban hasta morir; y al final… o al principio, contempló ese salón de piedra con una enorme mesa redonda en el centro y sobre ella, flotando, una copa que brillaba como el sol mismo. Llegada a este punto, perdió el conocimiento por un momento que le pareció eterno, abrumada por la soledad de una vida que ha durado más de lo que un humano debería soportar.
Cuando volvió en sí, Mina vio a Jack a su lado con el rostro ceñudo y algo pálido. Luego se miró el brazo ahí estaba conectada una bomba de transfusión, de las mismas que en su momento usó Van Helsing para salvar la vida de Lucy. Entonces, intentó decir algo, pero Jack la detuvo y le dijo:
- Tranquila, mi sangre le ayudará a reponerse en poco tiempo.
- Pero… ¿Me volveré como tú?… - consultó Mina, muy asustada por esa idea.
- No funciona así Mina, así que no se preocupe. Descanse unos minutos y yo hare lo mismo, porque creo que tendremos que ir en ayuda de nuestros compañeros.

Túneles Muertos

Habían corrido por los innumerables corredores de las catacumbas, perseguidos en todo momento por esa miríada de cadáveres caminantes que lanzaron en su contra. Sólo Frankenstein y Chia eran lo suficientemente fuertes para cubrir la retaguardia mientras el resto del grupo buscado algún lugar en el cual hacerse fuertes.
Todo sucedió después de que se lanzaron en pos de esa vampira que casi hizo que se mataran los unos a los otros. En especial Chia y Sandokán tenían intereses por atrapar a ese engendro con hermoso rostro, pero su furia les hizo ser imprudentes y se adentraron a tontas y a locas en los laberintos subterráneos parisinos. Fue así como llegaron a un osario con un sin número de nichos excavados en la roca viva, pudiéndose ver en ellos cadáveres en diferentes estados de descomposición. No obstante, quizá debido a la presencia de ellos en el lugar, esos cuerpos se comenzaron a arrastrar fuera de sus cubículos y mostraron aguzados colmillos y una insaciable sed de sangre que les impulsa a levantarse de sus tumbas.


Así fue como el grupo emprendió la huida, con esos cadáveres pisándoles los talones y adentrándose cada vez más en la red de túneles. Al final, extenuados por la carrera, llegan a lo que parece un enorme anfiteatro escavado en la roca, con un techo en forma de cúpula que se eleva por lo menos unos diez metros por sobre sus cabezas, con agujeros en toda la superficie de las paredes y el techo, dando la impresión como de estar dentro de una enorme colmena. Entonces, desde lo alto, como si se tratara de una aparición angelical, vieron una grácil figura que se acercaba. Pero no se trataba de un ser venido del cielo para ayudarles, sino una cosa que emergió del infierno. Era Carmilla, quien dejó escapar una burlesca y aguda risa que reverberaba en las paredes de esa cavidad pétrea.
- Bienvenidos a mi hogar. Por lo visto se toparon con nuestros despojos, por lo cual les pido disculpas. Verán, a veces el proceso de creación de un nuevo vampiro falla y crea esas cosas, a medio camino de la muerte, con la carne podrida y casi sin  ningún raciocinio. Los orientales les llaman gules y en occidente algunos les dicen revenantes.
Les habló con tono doctoral solamente para hacerles sentir mayor humillación, pues eso no era otra cosa que una ratonera donde ellos se encontraban a merced de esos monstruos. Sin embargo, ellos no serían víctimas dóciles, sino que venderían caro a esas sanguijuelas cada gota de sangre que quieran tomar. Formando un círculo defensivo en el centro de ese anfiteatro, poniéndose todos espalda con espalda, listos para la defensa, el grupo vio cómo por las puertas se colaban esos engendros no muertos.
La primera oleada de esas cosas chocó contra Chia y Frankenstein, quienes siguieron siendo la contención, mientras el resto se ayudaba con armas de fuego, tratando de hacer diana en la cabeza de esas cosas para asegurarse de que no se volverían a levantar. En ese momento, con la adrenalina por las nubes, a ellos les parecía que se enfrentaban contra centenares o quizá miles de esas cosas, pero la verdad es que eran sólo un poco más de una cincuentena, lo cual era más que suficiente para haber despachado a un grupo de personas común y corrientes, pero ellos estaban lejos de ser esto. Como si se tratara de una competencia personal entre los dos, Chia y Frankenstein destrozaban con sus manos desnudas a esas criaturas, una mostrando su maestría en las artes marciales, mientras el otro se valía de su pura fuerza bruta. Por su lado, Sandokán y Yáñez se sincronizan en la lucha como si fueran una sola mente con dos cuerpos, usando sus pistolas y sables con precisión. Y mientras todos hacían aspavientos de sus habilidades, desde la retaguardia Strogoff y Dupin apoyan a sus compañeros valiéndose de sus prodigiosas punterías y de la sangre fría que les da la experiencia. No obstante, eran tantas esas cosas que pronto les sería imposible contenerlos.
En ese momento de desesperación, por la puerta que usaron los revenantes para entrar aparecieron Mina y Pendragon, quienes traían colgando en bandolera lo que parecía morrales a la distancia. En efecto, usando sábanas que encontraron en la estancia en la cual se enfrentaron a Drácula, confeccionaron unas bolsas que se colgaron de los hombros y las llenaron con algo que podía ser usado como arma en contra de esas criaturas. Fue Mina la primera es sacar una botella hecha de un vidrio coloreado de verde llena de alcohol metílico y enciende una mecha que salía del vástago, lanzándola a la orda de monstruos que tenía en frente. Antes de que pudieran hacer algo, varias de esas criaturas estallan en llamas entre atroces e inhumanos chillidos.
Fue increíble ver cómo esas cosas eran consumidas tan rápidamente por las llamas, mientras que otros, viéndose en peligro, se escabullen hacia los agujeros en las paredes con alimañas. Por su lado, Carmilla ve que las tornas se vuelven en su contra, en especial cuando se da cuenta que Pendragon viene arrastrando por uno de sus pies el cuerpo estacado de Drácula, por lo que se eleva y se pierde por una abertura que se encuentra lo más alto de la bóveda pétrea.
Al final, el grupo estaba nuevamente reunido y podían por fin continuar con la búsqueda que les había traído al subsuelo de París. No obstante, en ese momento no tenían ningún indicio acerca de dónde podría estar prisionero el llamado Fantasma de la Ópera. Pero justo en ese instante unos chillidos ensordecedores permiten que el grupo encuentre una pista para proseguir.
Esos ruidos infernales los condujeron por un pasillo que se comunicaba con el anfiteatro que habían dejado atrás y del que no se habían percatado en un principio. Al final, llegan a lo que parece una celda bastante espaciosa, con varios muebles elegantes y una cama que parece muy cómoda. Pero lo más llamativo son tres cadáveres que se encuentran en el piso, cada uno decapitado y pudriéndose de forma acelerada mientras, sentado en un sitial forrado de terciopelo rojo, un hombre que cubre la mitad de su cara con una máscara de nácar miraba esos cuerpos con aire ausente.
- Supongo que usted es Erik, el sujeto al cual vinimos a buscar - dice al final Pendragon, tratando de sacar a ese personaje de su ensimismamiento. Sin embargo, con desgano, la sujeto  hace un ademán con la mano como quien muestra su desdén por un sirviente imprudente. Después, poniéndose de pie estira el traje que vestía y dice:
- ¿Una partida de rescate? Pues la verdad es que no han servido de mucho, ya que tuve que encargarme solo de estas sanguijuelas.
El sujeto es pedante hasta lo insufrible, pero Dupin prefiere pasar por alto esto y le informa a Erik con un tono casi militar:
- Monsieur, usted se equivoca. No hemos venido a rescatarlo, sino por encargo de las autoridades para ponerlo a disposición de estas. Es requerido por varios crímenes, entre los que encontramos asesinato, extorsión y secuestro. Además, se ha enemistado con personas poderosas, a las cuales les encantará verlo en la guillotina. No obstante, el gobierno de la Tercera República mantiene en pie la oferta de darle una salida si usted accede a prestar sus servicios para una misión especial.
El sujeto, aún con su cara cubierta era lo suficientemente expresivo como para mostrar su indignación como una especie de tensión que le rodeaba. Por un momento todos temieron que arremetiera violentamente contra Dupin, quien se mantenía hierático ante él. No obstante, se contiene y dice:
-  ¿Cree que no me podría resistir a que me lleven con ustedes?
En ese momento es Pendragon quien, con una sonrisa, le dice:
- Por supuesto que puede intentarlo, pero me gustaría que lo pensara dos veces. Una cosa es matar sanguijuelas, mientras que otra es enfrentarse a alguien como mi amigo, el señor Frankenstein, quien podría sacarle los brazos como quien le quita las alas a una mariposa.
Erik, ante la amenaza, recorre rápidamente con la mirada su entorno y calcula sus posibilidades. El sabía que era mucho más hábil que el común de los mortales, pero no cpnocía de qué eran capaces esos sujetos que estaban frente a él, así que intentar cualquier enfrentamiento era un riesgo demasiado grande.
- Y ¿Cuál sería esa misión que necesita de mis aptitudes especiales? – el tono de Erik fue mucho más conciliador, mostrando estar abierto a la propuesta. Por su lado, Jack sencillamente le contestó:
- Salvar al mundo.
Esa frase, algo teatral, hace que Erik deje escapar una carcajada metálica para luego agrega:
- Se ha ganado mi interés. Deme más detalles, pero primero salgamos de esta cloaca. El nauseabundo olor de estos no muertos me tiene asqueado.
Y sin más se dirigió afuera de esa habitación, como si él fuera ahora el guía del grupo.
En ese momento, Mina se acerca a Jack y le dice con cierta sorna:
- Al menos ha logrado completar su grupo.
Él la mira, cruza los brazos sobre el pecho y sólo agrega:
- Y no sé si eso es realmente bueno.
No obstante, ajenos al significado de esa conversación, Sandokán y Yáñez les miran con cierto desconcierto y al final es el malayo quien consulta:
- ¿Es verdad eso de salvar al mundo?
Pendragon sonríe, aunque a Mina el interés de esos hombres no le hace mucha gracia. No obstante, Jack deja esa discusión para después, usando como escapatoria el hecho que aún hay un grupo de personas que están siendo usadas como alimento por los vampiros y es importante sacarlas de ahí… además estaba el tema del Drácula.
Así, antes de irse, el grupo rescata a esos inmortales y los llevan al Albatross a la espera de que se recuperen una vez que desaparezca el efecto de las drogas que los vampiros les daban para mantenerlos sedados. Por otro lado, Pendragon y Mina buscan un escondrijo donde dejar los restos del transilvano. La mujer es partidaria de quemarlos, pero Pendragon no está seguro si eso podría detenerlo, pues por lo poderosos que es Drácula no podría asegurarse que eso lo llevaría a la muerte definitiva. Al final, Jack le dijo que telegrafiarían al profesor Van Helsing, quien desde hace un tiempo trabaja para la Corona Inglesa. Él sabría qué hacer con ese monstruo.

El Plan del Fin del Mundo

El grupo completo estaba reunido en el puente del Albatross, incluidos  Robur, Erik, Sandokán y Yáñez. Hubo una nueva discusión acerca de inclusión de estos dos últimos en el equipo entre Mina y Pendragon, pero éste fue inflexible y le dijo que esos dos hombres les habían caído del cielo, una ayuda que no podían pasar por alto. En este momento daban lo mismo los intereses del Imperio Británico o de cualquiera de las naciones que participaban en esa misión, pues se estaba jugando el futuro de la humanidad. Al final, aunque sin mucho convencimiento, Mina dio su brazo a torcer.


Ahora, con un mapa del mundo desplegado en una de las paredes, Pendragon les explica:
- La mayoría ya conoce el por qué nos dirigimos a África, pero obviamente es necesario explicar lo que ocurre a los nuevos miembros del grupo, por lo que procederé a contarles qué está ocurriendo. Luego de la invasión marciana del año pasado a Inglaterra, una misteriosa compañía de explotación minera llamada North Polar Practical Asociation subastó extensos territorios al norte del Círculo Polar Ártico. A muchos les pareció raro que gastaran tanto dinero para comprar territorios que, si bien pueden ser muy ricos en yacimientos minerales, están en una zona demasiado inhóspita para enviar expediciones de explotación, pero al final las autoridades sólo se encogieron de hombros y lo dejaron pasar.
“Pero todo comenzó a tomar sentido hace seis meses, cuando la Inteligencia Británica entró en contacto con la correspondencia que un matemático americano llegado hace poco al África mantenía con una mujer en Estados Unidos. El sujeto se llama J.T. Maston y contaba en sus misivas que estaba trabajando en un enorme cañón que se está construyendo en las faldas del monte Kilimanjaro, cosa de por sí sospechosa, pero lo es más si a esto agregamos que el proyecto pertenecé a la North Polar Practical Asociation. Los británicos avisaron a los americanos y estos investigaron, llegando a descubrir que los dueños detrás de esta empresa no eran otros que los socios del Gun Club, un grupo formado por fabricantes de armas pesadas que se formó durante la Guerra de Secesión americana. Durante varias décadas, la Gun Club ha intentado reactivar su negocio que quedó disminuido después del final de la guerra, así que hace unos años intentaron mandar a un hombre a luna, cosa en que fallaron estrepitosamente. Obviamente, que compraran terrenos en el Polo Norte y estuvieran construyendo un cañón en África era extremadamente llamativo”.
Pendragon se detiene por un momento, se dirige a un mueble del puente donde se guardaban  algunas botellas de alcohol y eligió la de coñac, se sirvió un poco, humectó su garganta y continuó:
- Agentes británicos han logrado espiar los trabajos en África y, junto con la información contenida en las cartas de Maston, sabemos que el cañón es un agujero en el terreno rocoso de 27 metros de diámetro y 600 de profundidad, que de llegar a ser terminado podrá disparar un proyectil de 180.000 toneladas. Eso generará un fuerza de retroceso tan grande que producirá un enorme terremoto, fracturará el continente africano y, lo peor de todo,  producirá que el eje de la Tierra deje estar inclinado. Lo anterior conllevará a que se derritan los casquetes polares, cosa que le permitirá al Gun Club sacar los minerales que desea, pero dejará las tierras bajas de todo el mundo inundadas, hará desaparecer las estaciones, terminará con los ciclos de cultivo e innumerables especies animales se extinguirán. Esta demás decir que millones de personas morirán debido a ello.
Aunque a la mayoría se les había explicado antes lo que Pendragon acababa de contar, no podían dejar de horrorizarse frente a la gravedad de las consecuencias que puede tener el plan de esa gente. Por ello, Sandokán hace la pregunta más obvia de todas:
- ¿Cómo es posible que esa gente esté dispuesta a poner todos patas arriba sólo para ganar dinero?
- Bueno, así funciona el capitalismo – contestó Jack con acidez.
- Lo que yo no entiendo es por qué las potencias mundiales, si están en conocimiento de esto, no hacen nada. Podrían anular la venta de esos territorios o ir al África con algunos regimientos y hacer estallar ese agujero – Yáñez era un tipo pragmático, por lo que pensaba en las soluciones más plausibles, pero Pendragon, muy a su pesar, le explicó por qué las cosas no eran tan simples:
- Pues las potencias no quieren poner en evidencia las falencias del sistema económico, demostrando que el emprendimiento privado no siempre es bueno… en resumen, son imbéciles que cayeron en sus propias trampas. En cuanto a lo de mandar tropas, la cosa es más compleja. La construcción del cañón se está haciendo en la África Oriental Alemana, así que las autoridades de Estados Unidos y el Imperio Británico decidieron reunirse con otras potencias para hacerles el riesgo de esto. Al llamado se acercaron los rusos y los franceses, pero los alemanes, quienes eran los más importes, dijeron que estaban al tanto de los trabajos y que se trataba sencillamente de una mina de diamantes que cuenta con todos los permisos por parte del Gobierno Imperial. Si mandamos regimientos a ese lugar, los alemanes reaccionarán de mala forma, tomándolo como un ataque a ellos. El Kaiser Wilhelm es un sujeto irascible que buscará cualquier pretexto para ir a la guerra, la cual puede llegar a envolver al planeta entero.
Un bufido por parte de Erik fue la respuesta que tuvo Jack a sus palabras. Luego, el sujeto enmascarado se puso de pie, se sirvió coñac y preguntó:
- ¿Y qué papel esperan que cumplamos nosotros en todo esto?
A Pendragon no le agradaba la actitud de Erik, cosa que trascendía a su mirada, aunque su voz fue neutra cuando dijo:
- Los ingleses tienen experiencia en usar grupos de personas con habilidades especiales para misiones difíciles de realizar, por lo que le propusieron a las otras potencias enviar a un equipo que pueda escabullirse hasta el cañón y encargarnos de que sea destruido. Tenemos esta nave llamada el Albatross la cual puede volar, por lo que cruzar el atlántico hacia el sur en una semanas y llegar a las colonias belgas del Congo es posible. Una vez ahí, nos reuniremos con agentes que nos pondrán al día de la situación y veremos cómo cumplir la misión de destruir el cañón. Ahora, la pregunta pertinente para quienes se están integrando este grupo es: ¿Aún quieren participar de esto?
El primero en contestar Erik, quien con su tono pedante dijo:
- No me queda otra. Claramente para mí la opción es la cárcel o una afilada hoja y eso no me atrae mucho.
Sandokán ignora al enmascarado y da su respuesta:
- Tengo una hija en casa y quiero que tenga una vida plena. Por ella iré con ustedes.
Por su lado, Yáñez, encendiendo un cigarro, dice:
- Pues si el moreno va, yo también. Además, estoy emocionado por ver cómo vuela este barco que tienen posado en medio de la campiña.
A Rubor parece agradarle el interés de Yáñez, ofreciéndose personalmente a mostrarle la nave y explicarle acerca de su funcionamiento. El portugués agradece el ofrecimiento del capitán.
Así, por fin contaban con un equipo completo para partir lo antes posible, por lo que les consultó a Sandokán y a Yáñez en qué lugar se estaban quedando para ir en busca de sus equipajes, al mismo tiempo que le decía a Erik que todas sus cosas se habían perdido, ya que debieron quemar todo lo que había en su escondite en el cementerio junto con madame Giri, quien había muerto, pero estaba infectada de vampirismo. Fue una sorpresa desagradable ver cómo ese sujeto no le dio importancia al deceso de la mujer que le ayudó y cuidó de él de una forma casi faldera. Nuevamente Jack lo mira con desconfianza.
Al final, Yáñez y Sandokán regresan a París en busca de sus cosas, mientras Rubor ordena que ponga la nave a punto para partir a penas despunte el alba. Aún quedaba tiempo para llegar al África y esperaban que el viaje no tuviera sobresaltos. 

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