viernes, mayo 06, 2016

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Reliquias Sagradas





Ernest Hamingway dijo que “todo hombre racional es ateo”. Estas palabras son un juicio demasiado severo, pues conozco gente religiosa que es bastante razonable; obviamente dentro de los límites que les permite moverse sus creencias, ya que invariablemente la superstición es irreconciliable con el sentido común. Y una de esas creencias que no pasa ningún escrutinio lógico es la de las reliquias y objetos sagrados que las religiones veneran y adoran con ciego fervor, absortos de que en su mayoría (si no en su totalidad) son artefactos ordinarios a los que se les ha asignado propiedades divinas totalmente alejadas de la realidad.

Ahora, está muy de moda darle duro a las diferentes denominaciones cristianas como si estas fueran las únicas religiones que tienen ideas estúpidas en cuanto a sus creencias, pero en este artículo hablaremos de varias religiones y cómo sus reliquias fueron usadas para darle cierta forma física a la fe de la gente, aunque en muchos otros casos esto trajo también una descarada recaudación de dinero por parte de las castas sacerdotales. Y es que una de las funciones principales de las reliquias es atraer peregrinos a los lugares en que estas son resguardados para que estos dejen dinero que va directamente a las arcas de los sacerdotes; cosa que vemos patente en la Edad Media, donde se inventaban reliquias del todo ridículas para atraer a los incautos creyentes.


Pero, a pesar de lo que dije antes,  partamos por los cristianos; en específico por católicos y ortodoxos, quienes más basura pseudo sagrada acumulan; al contrario de los protestantes que reniegan de todo esto y lo tachan de idolatría. Y la verdad es que los chicos protestantes no están para nada equivocados, pues estas dos religiones durante la Edad Media fueron expertas en inventar todo tipo de reliquias para atraer a los peregrinos que recorrían los santuarios de Europa y el Oriente próximo. Hubo cosas tan groseras como trozos del prepucio de Jesús (suficientes como para decir que Jesús hubiera tenido una exitosa carrera en el porno), el cráneo de Jesús niño (sí, porque Jesús era tan divino que usó un cráneo de niño y se lo cambió cuando llegó a la adultez) y trozos de la cruz o espinas de la corona, los cuales son suficientes para armar bosques de cruces y varios cientos de coronas. Además, sus leyendas están llenas de objetos sagrados perdidos o con poderes especiales, como el Santo Grial, el Arca de la Alianza o la Lanza del Destino, algunas existentes en la realidad. 

Señoras y Señores, con ustedes el Prepucio de Cristo
No obstante, un ejemplo claro de una reliquia a la que la ciencia ha desmentido categóricamente, pero los fieles insisten en considerar sagrada es la Sabana de Turín. Según la leyenda, este trozo de lino de 4.3 x 1.1 metros fue el usado para envolver el cuerpo de Jesús cuando estuvo sepultado en la tumba de José de Arimatea, quedando en él milagrosamente grabada la imagen del crucificado una vez que ocurre la resurrección. Luego, éste objeto maravilloso (tanto como para ser totalmente ignorado en los evangelios) es llevado por el apóstol Judas Tadeo a la ciudad de Edesa, de donde pasa a Constantinopla, de ahí a Francia y termina en Turín. Ya de por sí el sólo hecho de que la prueba del carbono 14 haya dado una data del siglo XIII es suficiente como para decir que esta tela jamás estuvo en contacto con el cuerpo de Jesús, pero los porfiados creyentes dicen que las muestras se tomaron mal, que el carbono 14 se hizo sobre remiendos del borde  y los científicos son lo suficientemente idiotas como para no darse cuenta de eso. Sin embargo, quienes aún defienden la autenticidad de la sabana ignoran detalles como que el cuerpo del dibujo tiene notables errores anatómicos y físicos, como el cabello que cae a los lados de la cabeza cuando debería desparramarse alrededor de esta, que hay incongruencias entre la imagen de frente y la de atrás, o que las machas de sangre fueron puestas estratégicamente para mostrar los famosos estigmas de Cristo, aunque la sangre no se comporte como la que sale de las heridas de un cadáver. Se podría seguir dando una lista muy larga de detalles obvios que son ignorados por los creyentes, como que por lo menos hay tres explicaciones perfectamente plausibles acerca de cómo se hizo, pero seguirán ignorandolas. Simplemente, la necesidad de creer es más fuerte.


Pero estos objetos de devoción se pueden encontrar alrededor de todo el mundo. En el palacio de Topkapi de Estambul, antes la residencia del Sultán Otomano, se encuentra un museo en el que hay cofre hecho con materiales preciosos que guarda pelos de la barba de Mahoma, acompañados por la huella dejada por uno de sus pies sobre lo que parece una piedra. Que los pelos sean o no de Mahoma es una discusión estéril, pues lo sorprendente es que estas cosas sobrevivan a la estricta prohibición del Islam acerca de la veneración de objetos. A pesar de ello, hoy los pelos de Mahoma abundan por Oriente, así como sus huellas, las que son muy llamativas, pues pareciera que el profeta calzaba diferente según el momento de su vida.


Otra religión que hoy es muy respetada y mostrada como un ejemplo de pacifismo es el budismo, el cual igual tiene su reverso oscuro, así como una gran cuota de estupidez. En la isla de Sri Lanka se encuentra uno de los santuarios más importantes de esta fe, conocido como Sri Dalada Maligawa, lo que a nuestro idioma se traduce el Templo del Diente de Buda, ya que guarda un canino de dos centímetros y medio que supuestamente perteneció al primer Buda, Sidarta Gautama. Luego de muerto, Buda fue incinerado y sus cenizas  se repartieron en relicarios que fueron llevados a distintas partes, pero un príncipe y una princesa rescataron uno de los dientes y lo llevaron a la isla, donde se ha creado uno de los templos más grandes del budismo y del mundo en general, solamente para guardar un diente. La verdad es que estoy muy seguro de que Buda no estaría de acuerdo con esto culto a un objeto.


Pero si esto nos puede parecer grosero y falto del más mínimo sentido común, para las religiones antiguas es pan de cada día y un pilar fundamental de su fe. En la antigüedad los templos estaban llenos de piedras caídos del cielo, habiendo dos que lograron sobrevivir en la memoria de la historia. La primera era la Piedra Negra de Pesimonte, la cual fue llevada a Roma en los tiempos de las Guerras Púnicas, siendo esto el origen de la introducción de cultos orientales a la Ciudad Eterna. Llegada a la ciudad, la roca se asoció a la adoración de la diosa frigia Cibeles, siendo depositada en un templo y cuidada por unos sacerdotes castrados llamados gallos o galios. Este fue uno de los cultos que perecieron cuando el Emperador Teodosio decretó que el cristianismo era la religión oficial del imperio romano, siendo sus templos totalmente destruidos (lo normal es que fueran refaccionados como templos cristianos) y la piedra se pierdió totalmente de la historia.


El otro caso de una piedra sagrada que ha sabido sobrevivir a las eras es la al-Hayar-ul-Aswad o Piedra Negra que se encuentra empotrada en una de las esquina del templo cúbico Kaaba en la Meca. Según lo que cuentan los musulmanes, esta era una piedra cayó del cielo y era blanca, volviéndose negra con el paso de los siglos debido a los pecados de los hombres. Los antiguos árabes politeístas pensaban que fue enviada por los dioses, pero esto cambió  con la llegada de Mahoma y el Islam, pues la Kaaba y su Piedra Negra fue lo único de la antigua religión que no destruyeron, diciendo que en verdad la piedra fue entregada por el arcángel Yibril (Gabriel) a Ibrahim (Abraham), quien a su vez se lo legó a su hijo Ismail, el antepasado de los árabes. Así que la piedra simplemente cambió de administración, siendo una de las reliquias más visitadas del mundo, con millones de musulmanes la veneran en su peregrinación a obligada a la Meca, en especial en el mes sagrado de Ramadán.

Piedra Negra de la kaaba
Ahora, hay que ser justos con las religiones de raigambre judeocristianas y decir que no basan su fe en las reliquias, sino que son sólo cosas veneradas por los fieles, no siendo ninguna de ellas un pilar fundamental de su fe, sino atracciones que fomentan el turismo religioso. Por otro lado, las religiones mal llamadas paganas cometieron el error en dar demasiada importancia a estos artefactos, depositando el poder de la misma deidad en ellos. Un ejemplo son los Libros Sibilinos, guardados en Roma y tenidos en gran estima por contar con varias profecías, siendo consultados asiduamente por sacerdotes y dirigentes. Cuando la antigua religión romana decaía ante otras fes venidas de oriente, en especial el cristianismo, el general Estilicón quemó los libros pues algunos sacerdotes dijeron que predecían que él deseaba tomar el poder. Estilicón en verdad no tenía ambiciones de ese tipo, siendo su acto una demostración que los dioses olímpicos eran incapaces de proteger sus reliquias o castigar a quienes osaran dañarlas.

Así se supone que eran los Libros Sibelinos
Pero quizá el ejemplo más patente de un objeto que tomó demasiada importancia sin merecerla es el del Irminsul, el árbol sagrado adorado por los antiguos sajones. Se trataba de un roble inmenso que, según la leyenda, fue plantado por el dios Irmin como unión entre el cielo y la tierra y el pilar que sostenía la creación (de hecho su nombre se traduce como Pilar de Irmin). En todas las aldeas de Sajonia había postes tallados que representaban al árbol, haciéndose diferentes celebraciones religiosas en el bosque en que se erguía el roble original, cerca de la actual Upsala. Cuando en el siglo VIII Carlomagno quiso conquistar a los sajones y cristianizarlos una de sus medidas fue talar y quemar el árbol, cosa que incluso sus generales no se atrevían a hacer pues temían las represalias de los dioses sajones. No obstante, Carlomagno, un cristiano convencido, no hizo caso a nada y el árbol ardió. Los pobres sajones vieron con horror cómo una de sus reliquias era destruida, para luego darse cuenta de que Irmin se quedó impávido ante este agravio. Ni el cielo cayó sobre sus cabezas o rayos destruyeron a los francos, sino que Carlomagno continuó su campaña y conquistó toda Sajonia, llegando a ser nombrado Emperador de Occidente por el Papa en la navidad del año 800. Obviamente, la desaparición de este árbol sagrado llevó a los sajones a pensar que sus dioses los habían abandonado o que no eran tan poderosos como el dios cristiano, así que varios adoptaron la nueva religión y le resistencia poco a poco fue decayendo hasta que, para la muerte del Emperador, Sajonia era una pacífica provincia cristiana del Imperio.

Francos destruyendo el Irminsul
Existe una gran injusticia cuando se mira el pasado desde el punto de vista del presente, por lo que estoy consciente que es muy fácil apuntar con el dedo y tratar de tontos a quienes en el pasado creyeron en la veracidad de estos artefactos santos y se sintieron más cerca de su divinidad tan sólo por tener contacto con ellos. Eran personas cuyo mundo era pequeñísimo, tanto física como intelectualmente; quienes aceptaban a pie juntilla lo que un sacerdote o nobles decían porque así eran las cosas. Lo que me sorprende es que en el siglo XXI, con todos los adelantos que están al alcance de la mano del ciudadano, con los conocimientos que poseemos acerca de la ciencia y las diferentes maneras en que podemos autentificar y datar algún objeto, aún se empecinen en creer que estas cosas son de alguna forma sagradas. Puede decirse que es un asunto de fe personal, pero al final acá hay falsificaciones tan burdas u objetos tan ridículos que no puedo evitar dudar de la inteligencia de los creyentes. Y si les muestras una batería de pruebas acerca de que la falsedad de estas reliquias (así como en un montón de otros temas religiosos) sencillamente lo que hacen es justificar todo con teorías de mierda que intentan hacer sonar como científicas; y para cuando se quedan sin resquicios, se tapan los oídos con las manos y comienzan a entonar alguna alabanza que acalle la voz de la razón. Al final, lo que quiere la gente es creer en algo que haga a sus dioses tangibles, no productos de su imaginación, púes así les es posible sobrellevar el hecho de que estamos en medio de un universo enorme y somos infinitamente minúsculos.

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