martes, mayo 31, 2016

Entre el Sueño y la Pesadilla: Seres Feéricos (Parte 2)


Siguiendo con esta historia de duendes y hadas, había pensado incluir en un solo capítulo las leyendas de germanos, eslavos y celtas, pero estudiando el material, me di cuenta que sería imposible,  por lo que para ser justos, hoy sólo hablaremos de los celtas. La razón para ello es del todo justificable, pues los celtas son quienes más aportaron a la fauna feérica, siendo su visión de estas criaturas la que ha prevalecido en nuestras mentes hasta la actualidad.

Pero antes de empezar, hablemos un poco de este pueblo que hoy conocemos como celtas. La verdad es que es muy probable que ese nombre fuera totalmente ajeno para ellos, pues fueron los griegos quienes les llamaron keltoi. Sabemos que llegaron a Europa desde el oriente alrededor del segundo milenio Antes de Cristo, siendo uno de los grupos culturales con mayor extensión del continente antes del surgimiento del Imperio Romano. Los celtas llegaron a extenderse desde los bosques de Transilvania, pasando por las planicies de Hungría, lo que es actualmente la República Checa, el norte de Italia, gran parte de Alemania, Suiza, toda Francia, Bélgica, el norte de España y Portugal y la totalidad del archipiélago de las Islas Británicas. No obstante, este pueblo tan extendido jamás llegó a establecer una unidad política, siendo los celtas continentales y los de Britania conquistados por los romanos y, cuando el Imperio de estos desaparece en occidente, siendo subyugados y erradicados culturalmente por los invasores germánicos. En la actualidad las naciones que aún guardan con orgullo la cultura de sus antepasados celtas son Irlanda, Escocia, Gales, Cornualles, Las Islas de Man y la Bretaña Francesa, hablando todos dialectos de origen celta como segunda lengua. No obstante, hay otros territorios que han perdido el idioma celta, pero que mantienen el legado cultural, como lo son Galicia, Asturias-León y Cantabria en España.


Ahora, donde por más tiempo se mantuvo la cultura de los celtas sin intervención externa es en Irlanda. Ahí las antiguas leyendas hablan de que la isla fue habitada por varios pueblos no humanos antes de los milesianos, quienes son la tribu celta que se asentó en la isla y los antepasados de los actuales irlandeses. El primer pueblo en llegar era una raza de monstruos con grandes poderes conocidos como Fomoré o Fomorianos, quienes son identificados como deidades de la oscuridad y la muerte. La mayoría de los Fomorianos eran horribles criaturas con un solo ojo, brazos extras, cabezas de animales (especialmente de cabra) o formas aún más aterradoras. No obstante, también los había de una belleza subyugante, como es el caso de Elatha. El más poderoso Fomoriano fue Balor, un gigante con un ojo en la frente y otro en la nuca, teniendo con este último el poder de matar a quien mirara.


Luego arribaron a la isla los Fir Bolg, un pueblo primitivo de guerreros que cayeron subyugados por los Fomorianos, a los que tuvieron por dioses. Hay varias descripciones para los Fir Bolg, apareciendo a veces como humanos comunes y corrientes, pero en otras como criaturas humanoides y bestiales, muy semejantes a los hombres de las cavernas. Esto ha llevado a algunos estudiosos a teorizar acerca de un tardío encuentro entre los homo sapiens y el hombre de Neanderthal en Irlanda. Sabemos que esto ocurrió de verdad en Europa rondando la época de la última Glaciación, pero las leyendas de Irlanda se refieren a tiempos más recientes.


Después de los Fir Bolg aparecen los Thuata dé Danann (Pueblo de la Diosa Dana) quienes son una raza divina formada por grandes guerreros y magos, los cuales son los representantes de la vida y la luz, en contraposición de los Fomorianos. Esto les lleva a una guerra contra los Fir Bolg y Fomoré, con batallas famosas como las dos ocurridas en Magh Tuiredh, donde sacaron de la isla a ambos pueblos que les precedieron. No obstante, los Thuata dé Danann quedaron debilitados y no fueron capaces de enfrentar la invasión de los hombres milesianos (celtas) provenientes de lo que hoy es Galicia y sus armas de hierro. Al final los Thuata dé Danann se recluyeron en grandes palacios bajo la tierra, en un mundo subterráneo conocido como Sidhe, Sidu o Sith, por lo que fueron conocidos hasta la actualidad como Aes Sidhe (pueblo de Sidhe), Daoine Sidhe (gente de Sidhe) o Daoine Maithe (Buena Gente), semejantes en apariencia a los elfos nórdicos. Los Daoine Sidhe suelen seguir teniendo tratos con los mortales, forjando pactos con ellos o a veces atormentándoles.


Posteriores y muy relacionados con la iconografía propia de Irlanda son los Leprechaun o leprecanos, los duendes zapateros. Famosos por sus trajes de color verde (muy a la moda del siglo XIX) se dice que son enanos que gustan de hacer bromas a los humanos y que guardan gran cantidad de oro en vasijas (hoyas) enterradas. Si alguien logra descubrirlos (son muy escurridizos) les es imposible desaparecer si se les está mirando, pero apenas se pestañee o mire en otra dirección, ellos desaparecen. Los leprecanos tienen una versión oscura conocida como Clurichaun, los cuales son hostiles, suelen estar siempre borrachos y gustan de montar animales como ovejas y perros.


Cruzando el mar de Irlanda en dirección Noreste llegamos a las tierras de Escocia, también llamada Alba por sus primeros habitantes. Ahí, celtas provenientes de Irlanda conocidos como los Scotii se mezclaron con un pueblo más antiguo a los que los romanos llamaron caledonios o pictos, dando origen a los escoceses. La mitología de Escocia e Irlanda tienen muchas cosas en común, siendo una de ellas la leyenda de las Banshees. Se dice que cuando alguien importante moría, un hada femenina con largo cabello, semejante a un espectro, profería un lamento anunciando el deceso. El nombre Banshee proviene del gaélico Bean Shide (mujer del Sidhe) lo que las relaciona con en Otro Mundo. Con el tiempo, el canto de la Banshee se relacionó con todo tipo calamidades, siendo tomado como un signo de mal agüero.


Aún más siniestro son los seres conocidos como Redcap, quienes viven en tierras yermas de Escocia. Se dice que son criaturas horribles, semejantes a ancianos por sus caras arrugadas, pero con bocas llenas de colmillos y ojos llameantes. Los Redcap suelen raptar humanos para matarlos y comerlos, siendo sus gorros rojos (ese es el significado del nombre Redcap) producto de que los tiñen con la sangre de sus víctimas.


De Alba también proviene la Ghillie Dhu, que es un hada tímida y de buen corazón que siente un especial apego por los niños, a los cuales protege. Se la describe como una mujer hermosa de pelo largo y oscuro que está relacionada con los árboles, dentro de los cuales vive. La Ghillie Dhu es uno de los antecedentes de lo que luego se transformaría en el Hada Madrina de los cuentos infantiles.


Más al sur y al oeste, justo frente a Irlanda, tenemos a Gales o Cymru, como le llaman en lengua galesa. Ahí, en las minas, podemos encontrar a lo Coblynau, que son unos enanos que ayudan a los mineros en sus trabajos, siempre y cuando no sean vistos y se les deje alimento a cambio. Si se transgreden estas reglas, los Coblynau pueden volverse malvados, provocando accidentes.


Una leyenda común en todas las Islas Británicas y cuyo origen es celta es la de los Niños Cambiados o Changelings. Según este mito, las hadas suelen raptar a los bebes de sus cunas y reemplazarlos por sus propios retoños, los cuales suelen ser deformes o tener comportamiento extraño, siendo menos inteligentes que su contraparte humana y de actitudes erráticas. Se dice que un Changeling moría cuando se le bautizaba. Esta leyenda era una forma de explicar la existencia de deformidades en los niños, de deficiencia mental u otros problemas de personalidad o neurológicos.


Y los típicos duendes pequeños que pululan por los bosques, que llevan ropa multicolor y que en algunos casos cuentan con alas similares a las de las mariposas tienen su origen en los Pixies de Cornualles, que son pequeñas criaturas de unos 10 o 15 centímetros de alto, amantes de la música y los juegos. Se trata de criaturas amables que suelen ayudar a los humanos en sus casas, a los niños perdidos en los bosques y a las viudas. Los duendecillos con alas tipo Campanita son una variedad de Pixies conocido como Sprites.


Y los mares, ríos y lagos de las tierras de los celtas también estaban habitados por seres mágicos. Los escoceses tienen a los Kelpies, que son cambiaformas capaces de tomar la forma de caballos marinos que hechizan a los humanos para que los monten y se adentren con ellos a los lagos. El problema es que los Kelpies son malévolos y por lo general ahogan a quienes caen en su trampa.


En Irlanda, Escocia y las Islas Orcadas existen los Selkies, que pueden ser familiares de los anteriores. Los Selkies son cambiaformas que en su apariencia humana son hermosos y seductores, mientras que cuando entran al mar se transforman en focas. A diferencia de los Kelpies, los Selkies son benévolos, ayudando a los náufragos y a veces enamorándose de humanos que viven en la costa, aunque estos romances suelen tener un final trágico.


Un poca más al sur nos encontramos a las Merrows, las sirenas celtas. Con la mitad superior del cuerpo de hermosas mujeres de cabello verde y piel nacarada, mientras que la inferior es una lustrosa cola de pez. Las Merrows difieren de la sirena clásica porque no buscan la perdición de los marinos, sino que son espíritus benévolos del mar. También existe la posibilidad de que se enamoren de algún humano y que salgan del océano para formar una familia con éste, pudiendo tener hijos que tienen una membrana entre los dedos y la piel tan blanca como las de sus madres. No obstante, pese a que el amor sincero es lo que las impulsa salir del mar, con el tiempo no pueden ignorar el llamado de las olas y volver a su ambiente natural.


Alejado de las Islas Británicas y su entorno, el norte de España guarda un importante legado de los celtas que alguna vez imperaron ahí, lo cual se ha permeado a las leyendas locales. Un ejemplo de ello es el Trasno gallego, un duende malévolo que es descrito como un enano de piel morena y barba que entra a las casas y desordena todo, asustando a los animales de corral y haciendo ruidos que ponen los pelos de punta a los habitantes del hogar.


Por su lado, en Asturias podemos encontrar al Diaño o Diantre, un fauno cambiaformas que se encarga de mortificar a los viajeros y cualquier otra persona que se aventure a los campos durante la noche. Sus bromas van de lo más infantil hasta lo realmente siniestro.


Una cosa que creo que es necesaria aclarar antes de terminar es que para los celtas los seres feéricos no representaban algo positivo, incluso aquellos cuyo comportamiento era más amigable. En las leyendas originales eran seres de temer, que jugaban sin piedad con los humanos y, si esas bromas terminaban en muerte o algo peor, no les importaba. Por ello, cuando hablamos de las hadas y duendes de las leyendas célticas debemos asociarlos más con personajes de historias de terror que con los protagonistas de cuentos infantiles. Debido a esto, los celtas y sus descendientes idearon diferentes formas de mantener alejadas a las criaturas mágicas, entre las que podemos contar poner una moneda dentro del zapato, llevar una prenda puesta al revés, nunca pronunciar el nombre estas criaturas, dejarles comida para que no sean malévolos, y un largo etcétera. No obstante, la principal arma que los celtas tenían contra estos seres era hierro, ya que eran especialmente alérgicas a su contacto, similar a lo que le ocurre a los hombres lobos con la plata.
Y estos son sólo una pequeña muestra de la fauna feérica de los países con legado celta, pues he mencionado a los más importantes y que tengan influencia en las leyendas actuales acerca de hadas y duendes.  Por ahora he dejado fuera a Adhenes, Bean Nighe, Bluecap, Boggarts, Brownies, Cait Sith, Cù Sith, Dullahan, Fuath, Knokers, Korrigans, Nicnevin, Púca, Sluagh y muchos otros.

En el próximo capítulo hablaremos de los feéricos nórdicos, germánicos y eslavos.

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