miércoles, junio 15, 2016

La Homofobia que no Muere: Masacre en Orlando


¿Qué pasaría en el mundo si los idiotas imperaran? Pues si viste noticias durante los últimos días, tendrás un atisbo de ello.
Quizá sea bueno que muy pocos puedan entender qué pasa por la mente de un sujeto que toma un arma de asalto y entra a una discoteca a matar a gente que no conoce y que no le ha hecho nada. Posiblemente esa falta de comprensión sea una de las pocas esperanzas que existe para una sociedad que cada vez más presta oídos a palabras insidiosas, tomando estas sentido en sus cabezas.

Nuestra sociedad occidental, la cual se siente con pleno derecho de apuntar a otras por sus prácticas cuasi medievales, demuestra nuevamente su tejado de vidrio cuando en un club nocturno alguien entra y, a disparos, siega la vida de personas que simplemente habían salido una noche de sábado a divertirse. Se ha intentado hacer que el hecho pase como un atentado fundamentalista islámico, como los que ocurrieron en París el año pasado, pero la verdad es que, a pesar de ser musulmán el perpetrador, las circunstancias entre ambos hechos son muy lejanas. Si bien Omar Mateen (29) hizo un llamado al 911 declarando su fidelidad a ISIS, lo cierto es que lo que se ha investigado apunta a que se trataba solamente de un loco solitario, envenenado por la intolerancia que hoy muchos siguen incubando en su interior.

Omar Mateen
Y la verdad es que no es necesario ser musulmán para ser homofóbico. El mismo Estados Unidos es una muestra de que la cruz y la estrella de 6 puntas son igual de virulentas como la media luna acerca de las relaciones de gente del mismo sexo. Recuerden que es el judaísmo el primero en mandar a matar a los homosexuales a través de su imaginario Moisés, cosa que luego Pablo de Tarso suavizó mínimamente, a pesar de que Jesús nunca dice una sola palabra en contra de los gais. Por su lado, Mahoma no será jamás recordado como el profeta más liberal de todos los tiempos, así que no esperemos que se muestre muy contento con parejas formadas por dos chicos o dos chicas.


Y es que una de las principales fuentes del odio hacia los homosexuales son las religiones Abrahámicas, las que se encargaron de erradicar cualquier vestigio de tolerancia e imponer su moral parcializada y miope. Ahora, como en la República del Norte está de moda acompañar la religión con pseudo ciencia, inventaron las famosas terapias de reorientación sexual que supuestamente curan la homosexualidad, como si esta fuera una enfermedad (bajo esa lógica, ser rubio, alto, moreno, tener los ojos café o pecas sería una enfermedad). Al final, esos tratamientos son sólo un montón de torturas físicas y psicológicas, aderezadas con gran cantidad de drogas y oraciones que no curan nada, sino que crean cuadros psiquiátricos peores.


Y como el odio engendra odio, aparecen en estos momentos los buitres a hacer lo suyo con la carroña. El principal es el candidato republicano Donald Trump, quien muy campante aparece en televisión diciendo que todo esto le da la razón acerca de sus prejuicios en contra de los musulmanes y los inmigrantes en general. Lo que el señor Trump olvida decirnos es que su sector político (derecha) es el que actualmente más problemas tiene a la hora de aprobar leyes que promuevan el respeto de la diversidad y la igualdad de derechos de los homosexuales. Por ello, hoy muchos políticos con intereses creados pregonan la “inequívoca” conexión del pistolero solitario con organizaciones fundamentales, pues esto ayuda a que la gente con miedo caiga en la trampa del discurso conservador. De lo que se olvidan es que hablamos de un sujeto que fue criado en Estados Unidos y que se armó gracias a que la legislación americana que defiende que cualquier paisano puede tener un arsenal porque eso es simboliza su libertad, cuando la verdad es sencillamente una excusa para permitir que los redneck acumulen rifles y los productores de armas se llenen los bolsillos indiscriminadamente.


Y esto nos demuestra que nos queda mucho que avanzar en cuanto al tema de los derechos de las minorías sexuales. Hoy hablamos de matrimonio igualitario y adopción por parejas del mismo sexo, pero aún no podemos asegurar que los gais puedan vivir en paz, sin ser agredidos o asesinados. Cuando un sujeto se mete a una disco gay a matar a mansalva, o unas cientos (o quizá miles) de chicas son violadas en Latinoamérica por familiares o cercanos como método para “curar” su lesbianismo, o en Rusia Putin cada vez es más virulento contra las minorías sexuales (y toda minoría en general), en Arabia Saudita se condena a muerte la homosexualidad, o varios grupos religiosos se escudan en la libertad de expresión para pregonar su mierda homofóbica, entonces debemos ser humildes y reconocer que en verdad nos queda mucho que avanzar.


Y pareciera que la homofobia fuera un impulso atávico que se da a todo nivel. Estuvo presente en algunos pueblos primitivos, fue retomada y extendida por las religiones monoteístas durante la Edad Media. En América, donde la situación era mucho mejor para los homosexuales, todo se retrotrae debido a la invasión europea y la conversión forzosa a la religión de los conquistadores. La mentalidad conservadora se mantuvo casi inalterada durante siglos, con leyes que castigaban la homosexualidad y que afectaron a personajes tan importantes como al escritor y dramaturgo Oscar Wilde o al matemático y prócer de la computación Alan Turing. Después, cuando al principio del siglo XX la humanidad se vio seducida por el totalitarismo, nazis supremacistas y fascistas ultra católicos llevaron a los gais a sus campos de concentración para exterminarlos. En la otra vereda ideológica, los revolucionarios de izquierda, quienes en un principio fueron tolerantes con la homosexualidad, luego la transformaron en un mal que denotaba la corrupción de la burguesía, por lo que, desde Stalin a Fidel, también persiguieron a quienes profesaban amor por personas del mismo sexo.


Todo lo anterior es historia, pero parece mucho más reciente cuando un loco mata a una multitud por su orientación sexual. Peor aún si nos paseamos por twitter u otras redes y vemos a un grupo de malnacidos (los insultos que conozco me quedan cortos) que se aprovechan de la impunidad de las redes sociales para pregonar que al pistolero de Orlando se le debe considerado un héroe y que el asesinato de homosexuales no debería ser considerado un delito, sino todo lo contrario. Imbéciles de esta calaña, insensibles al dolor ajeno, son quienes deben desaparecer, pero no por la violencia, sino por la imposición de los valores de la libertad, diversidad y respeto a los derechos humanos.
49 seres humanos murieron víctimas de la irracionalidad y de la absoluta falta de empatía. Si no te sientes conmovido por esto, entonces te aconsejo de que te mires al espejo y que pongas mucha atención a lo que se presenta en el reflejo, pues es muy posible que no encuentres nada de humano ahí.

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