miércoles, septiembre 07, 2016

J. R. R. Tolkien: De Filólogo a Señor de los Anillos




El viernes pasado se recordó un nuevo aniversario desde que nos dejara el más grande escritor de fantasía del siglo XX, quien fue el que dio el paso que unió lo mitológico con lo moderno, legándonos una de las historias épicas más grandes e influyente de la cultura occidental y poniendose a la par con personajes como Homero, Malory, Milton y Shakespeare, entre otros. Hoy hablaremos de John Ronald Reuel Tolkien.

El padre de la Tierra Media nació en 1892 en Bloemfontein, Sudáfrica, siendo el hijo mayor de Arthur Tolkien, quien se dedicaba a la compra y venta de piedras preciosas comisionado por el Banco de Inglaterra, y de su esposa Mabel. Esta pareja tendría otro hijo llamado Hilary Arthur. Luego de vivir unos años en Sudáfrica, los chicos se van a Inglaterra con la madre, esperando reunirse pronto con Arthur que se ha quedado atrás debido a su trabajo; pero el padre de Tolkien cae enfermo debido a una fiebre reumática y muere, lo que deja a Mabel viuda y sin ninguna entrada de dinero para mantener a sus dos hijos, por lo que se ve obligada a ir a vivir con su familia. Por esa época, el pequeño John pasa algún tiempo en una finca llamada Bolsón Cerrado (Bag End) en las cercanías de Birmingham, donde entra en contacto con la naturaleza, sintiendo especial apego por los bosques. Esta etapa de su vida será la primera inspiración para su futura obra.

John y su hermano Hilary
La imagen de una madre es generalmente muy importante para los hijos, y en el caso de Mabel resultó ser capital para Tolkien. Fue su madre la que le introdujo a temprana edad en los secretos del latín, iniciando la pasión que moverá a John durante toda su vida, la cual fueron los idiomas. También es Mabel la que impulsa en 1900 a sus hijos a cambiar de fe (eran bautistas) y adoptar el catolicismo, acto que tuvo consecuencias negativas para ellos, ya que la familia materna de Tolkien no aprobaba este cambio y retiró su ayuda económica a Mabel y a sus hijos. Cuatro años después, cuando Mabel muere debido a complicaciones de su diabetes, John la ve como una mártir de su fe, quien no quiso claudicar incluso si esto la alejaba de su familia y del sustento económico que esta le ofrecía; cosa que le hizo afianzarse más en su catolicismo.

Mabel Suffiel Tolkien
Los hermanos Tolkien, ahora huérfanos, pasan a ser tutelados por un sacerdote católico de Birmingham que había sido el sostén de Mabel en sus últimos años. Este sacerdote, el andaluz de origen galés Francis Xavier Morgan, le enseña a Tolkien los rudimentos de nuestra lengua castellana, la cual también será inspiración para que John cree sus propios idiomas imaginarios. Mientras se encontraba bajo la supervisión de Morgan, Tolkien conoce a una chica mayor tres años que él llamada Edith Mary Bratt, de la cual se enamora perdidamente; pero su tutor le prohíbe cualquier contacto con ella hasta que John cumpla los 21 años, por lo que el adolescente de 16 debió esperar cinco largos años en que su amor sólo fue en aumento.


En estos años de estudio se hace de un buen grupo de amigos en el Colegio King Edward de Birmingham, con los cuales forman el Tea Club and Barrovian Society, grupo en que John compartió su interés por la literatura y la creación de idiomas. Luego de graduarse es admitido en Oxford, donde hace estudios de Filología, por lo cual el padre Morgan se empeñó en que no hubiera ningún interés para John aparte de la universidad. Sin embargo, el mismo día en que Tolkien cumple 21, le escribe una carta a Edith declarándole su amor y su intención de casarse con ella, cosa que era en ese momento un poco problemática, pues la chica se había comprometido con otro, pensando que la larga ausencia de John era debido a la falta de interés. No obstante, el amor que ambos se profesan es más fuerte y se comprometen en 1913, casándose en 1916, un año después de que Tolkien se licenciara con honores de Oxford. La pareja tendría cuatro hijos.

Edith Tolkien
Pero ese mismo año, recién casado, Tolkien se enrola como muchos otros jóvenes británicos para ir a servir a su nación en la Primera Guerra Mundial. Como teniente segundo del 11° Batallón de Fusileros de Lancashire participa en la batalla del Somme, hasta que cae enfermo debido a que contrae “Fiebre de Trinchera”, por lo que es devuelto a Inglaterra. Es durante su convalecencia y las tareas que realiza en casa comienza a poner por escrito la historia de la Tierra Media, en especial debido a un paseo que hizo con su esposa por el bosque, en el cual Edith se puso a bailar en un claro, escena que luego sería reproducida en la historia de Luthien y Beren. De hecho, Tolkien solía referirse a Edith como “su Luthien”.


Ya terminada la guerra, Tolkien realiza varios trabajos que tienen que ver con su especialidad en lenguas, hasta que en 1925 vuelve a Oxford como profesor, siendo durante su estadía en la universidad cuando escribirá sus obras más conocidas. En la universidad se rodea de un grupo de intelectuales amantes de la poesía y de los cuentos de fantasía, entre los que se encuentra Clive Steples Lewis, quien será el autor de “Las Crónicas de Narnia”. Es éste el que impulsa a Tolkien a publicar una historia de aventuras que había creado para entretener a sus hijos, apareciendo en las librerías “El Hobbit” en 1937. También es Lewis quien años después propondrá a su amigo como candidato al Premio Novel de Literatura, cosa en que falla debido a los prejuicios que generaba la literatura fantástica. 

Tolkien y Lewis
El éxito que consigue Tolkien con “El Hobbit” es tal que la editorial le pide que escriba una secuela, cosa que en un principio a John le complica, ya que, si bien la anterior se trataba de una historia ambientada en su Tierra Media, era un relato aislado, sin interacción mayor con el Legendarium que él estaba componiendo. Por eso, en un principio piensa en repetir la fórmula de la aventura en busca de un tesoro, pero a medida que avanza, se da cuenta de que esto no le llena, así que empieza a hacer cambios que hacen que la historia calce mejor dentro las leyendas de la Tierra Media, siendo la consecución de estas. Así, entre 1954 y 1955 se publicó la trilogía “El Señor de los Anillos”.


Los siguientes años de Tolkien fueron dedicados a la enseñanza, dictar conferencias y la publicación de otros trabajos. En 1971 fallece Edith, su gran amor, lo que conlleva a la muerte de Tolkien en 1973. Sus restos descansan junto a los de su esposa en el cementerio de Wolvercote, en Oxford. En su lápida su esposa y él son identificados como Beren y Luthien.

Tolkien y Edith
Hay dos motivos principales que impulsaron a Tolkien a realizar su obra. El primero es su afición por la mitología y su molestia al darse cuenta de que el pueblo sajón carecía de ella; la otra es su amor por la creación de idiomas desde su adolescencia. Lo primero se explica en el hecho de que Tolkien era de origen sajón, pues de hecho su familia provenía de la región de Baja Sajonia, en lo que hoy es Alemania, donde el apellido originalmente era Tollkiehn, el cual se traduce como temerario, cosa que le llenaba de orgullo. Sin embargo, a diferencia de los nórdicos, griegos y celtas, los germanos sajones, que son el núcleo del actual pueblo inglés, apenas dejaron leyendas para la posteridad, por lo cual el deseo primero de Tolkien era crear una mitología para el pueblo del cual descendía.


En cuanto a la relación de Tolkien con las lenguas y la invención de ellas, esto iba mucho más allá de su profesión de filólogo. Además de hablar su lengua natal, de su madre aprendió latín, francés y alemán; del padre Morgan castellano; estudiando después en la universidad inglés antiguo, inglés medio, gótico, galés moderno y medieval, griego, noruego antiguo y finlandés, además de estar familiarizado con muchas otras lenguas de raíz germánica y eslava, tanto muertas como en uso. Todos estos conocimientos le ayudaron en la creación varios idiomas ficticios como el sindarin, el quenya y el Khuzdul. A pesar que Tolkien creó otras lenguas en su juventud, se sentía especialmente orgulloso por las que se hablaban en la Tierra Media, pues pensaba que un idioma podía considerarse como tal sólo cuando estuviera asociado a alguna leyenda, ya que eran los relatos de los mitos los que esculpían al idioma para que adquiriera forma y alma.


Ahora, hay muchas críticas contrarias a la obra de Tolkien, acusándole de racista, ultra conservador y que disfrazaba el catecismo católico como cuentos de fantasía; siendo muchas de estas opiniones extrapolaciones forzosas de las ideas políticas y religiosas de Tolkien a sus obras. Obviamente, Tolkien fue un católico conservador, quien en su momento se opuso a las reformas del Concilio Vaticano Segundo, pero bajo ningún punto de vista se puede decir que sus novelas y cuentos son una especie de proselitismo encubierto. Si bien hay reminiscencias de sus convicciones religiosas en lo que escribió, están son extremadamente sutiles.


En cuanto al racismo, se ha dicho que Tolkien siempre representa a las razas no europeas de su Tierra Media como malas y bárbaras, o dicho en sencillo, que mientras más oscura la piel, más malo. Esto puede ser correcto, pero dentro del contexto de su época, donde las representaciones racistas estaban a la orden del día en todos los medios de comunicación, no era raro o escandaloso. Si bien Tolkien fue un conservador de derecha, nunca llegó a ser un fascista militante, no comulgando con ideas como el racismo, especialmente con las de supremacía racial nórdica de los nazis, que para Tolkien eran una perversión de todo lo bueno que representaba la cultura de los pueblos germánicos. Incluso, cuando se le pidió una declaración de pureza racial obligatoria que se le solicitaba a todo escritor que deseara ser publicado en la Alemania Nazi, Tolkien se negó airadamente, diciendo que lamentaba no tener antepasados judíos, que siempre se había sentido orgulloso de sus antepasados alemanes, pero que debido al comportamiento de las autoridades de ese país, pronto comenzaría a sentir vergüenza de su origen.


No obstante, la obra de Tolkien sí está influenciada fuertemente por otros aspectos de su vida. Ya hablamos de su amor por la invención de lenguajes y su deseo de crear una mitología inglesa como sus principales motores a la hora de escribir, pero también fue inspirado por su amor por la naturaleza silvestre a la hora de crear la Tierra Media. En cierto aspecto, Tolkien fue un ecologista mucho antes de que este concepto se pusiera en boga, ya que es muy patente su amor por la vida silvestre y la idea de que la mejor forma de vivir es en comunión con la naturaleza. Obviamente, esto lo llevaba a desdeñar y condenar el modernismo que abusaba de los recursos naturales y llenaba la apacible campiña inglesa de industrias que ensuciaban el aire y envenenaban la tierra.


Por otro lado, otro aspecto remarcable es su vocación pacifista, pues a pesar que nos relata guerras épicas y llenas de heroísmo, para él el conflicto armado es uno de los peores males existentes, lo cual es fácilmente explicable debido a lo que tuvo que vivir durante la Primera Guerra Mundial. Del círculo de amigos que Tolkien había hecho durante su adolescencia y su época como estudiante en Oxford, la mayoría nunca volvió de las trincheras en el frente francés, cosa que lo marcó de por vida.


En cuanto a cómo abarcar su obra, la verdad es que es mucho más fácil que la de otros autores más antiguos, pues Tolkien no tiene una prosa excesivamente enrevesada o ampulosa, aunque igual puede parecer un poco extraña o excesivamente descriptiva para lectores modernos. Su colección de escritos tenemos primero a las obras pertenecientes al Legendarium, el cual es un cuerpo de textos dedicados a la historia y leyendas de la Tierra Media y entre los cuales contamos a “El Hobbit”, “El Señor de los Anillos” y “El Silmarillion”, el cual fue editado póstumamente por su hijo Christopher. Por otro lado, podemos encontrar otras obras independientes de las que ocurren en la Tierra Media, como por ejemplo “Egidio, el granjero de Ham”, “El Herrero de Wootton Mayor”, “Roverandom” o “La Caída de Arturo”, además de gran colección de poemas.



Ahora, muchos intentaron infructuosamente llevar a cabo una película que adaptara “El Señor de los Anillos”, cosa que en vida Tolkien siempre desestimó porque consideraba que un film sería una versión bastante deslavada del mundo que él había creado. Hubo que esperar a la muerte del escritor para ver la primera adaptación a una de sus obras, siendo esta una versión animada de “El Hobbit” producida por el estudio Rankin/Bass en 1977, siendo un musical que ganó varios premios.


Luego, en 1978 el director Ralph Bakshi nos trajo la cinta animada “El Señor de los Anillos”, la cual tomaba la totalidad de la historia presentada en “La Comunidad del Anillo” y casi la mitad de “Las Dos Torres”. El film cuanta con varios actores conocidos en su elenco de doblaje, como John Hurt en el papel de Aragorn y Anthony Daniels (el mismo de C3PO) como Legolas. Además, la animación se hizo con la técnica del rotoscopio, en que se gravaban actores reales y luego los dibujos se calcaban sobre sus imágenes.


Ahora, muchos esperaron que Bakshi realizara lo que quedaba de la historia, pero las malas críticas lo desalentaron y abandonó el proyecto. Fue entonces que la productora Rankin/Bass vuelve al ruedo y, aprovechando la coyuntura, saca una adaptación de “El Retorno del Rey” en 1980, la cual muchos pensaron que era la secuela del film de Bakshi, pero estaba más relacionaba en cuanto a estilo con “El Hobbit” de 1977.


Existen versiones no oficiales live action de la obra de Tolkien en la Unión Soviética y Finlandia, pero sólo en el 2001 veríamos una adaptación que hiciera justicia al grandioso mundo imaginado por Tolkien, la cual es la trilogía que todos hemos visto dirigida por Peter Jackson.
Este mismo director vuelve el 2012 con otra trilogía de “El Hobbit”, la cual ha tenido una recepción variada entre los fanáticos, ya que se tuvo que agregar hechos y personajes que no fueron escritos por Tolkien para poder conseguir que la historia contenida en un solo libro fuera adaptada en tres películas.


La publicación de “El Señor los Anillos” es uno de esos hitos de la literatura que marcan nuestra cultura, principalmente porque Tolkien consiguió darle a la literatura fantástica el lugar que se merecía, siendo tomada en serio y admirada en el valor artístico que posee, dejando de ser considerada un escapismo adolescente de poca monta. Pero no es sólo por ello que J. R. R. Tolkien debe ser reconocido, pues su verdadero legado es haber creado él solo una mitología equiparable a las que fueron desarrolladas por civilizaciones completas a los largo de siglos ¿Cuántos podrían arrogarse un logro como ese?

No hay comentarios.:

Publicar un comentario