viernes, septiembre 30, 2016

La Rubia Sexy Siempre Muere Primero: Slasher (Parte 3)




Había dejado por un tiempo pendiente la continuación de estas reseñas de asesinos sanguinarios en la ficción, pero hoy la retomamos y volvemos a hablar de los slasher. Quedamos a mediados de los 80’s, con Freddy Krueger poblando nuestras pesadillas con imágenes de adolescentes despedazados de las maneras más imaginativas posibles. Podríamos decir que esta fue la edad dorada de los slasher, pero por entonces también mostraban signos de su declive.

El éxito que tienen los asesinos sanguinarios en la primera mitad de los ochentas hace que las productoras busquen maximizar sus ganancias, exprimiendo las franquicias hasta sus últimas posibilidades, haciendo secuela tras secuela que fueron desdibujando muchas veces el concepto original o repitiéndolo hasta el hartazgo, lo que hizo que todo dejara de dar miedo y se volviera una caricatura de sí mismo. Como ejemplo, “Pesadilla” consta de 7 secuelas, un crossover con “Viernes 13” y un remake: “Viernes 13” tiene 10 partes (la última en el espacio), el crossover mencionado y dos filmes remake; “Halloween” otros 8 filmes y remakes. Eso es lo que llamamos sobreexplotación.


Volviendo a mediados de los ochentas, una película navideña nos traería un Santa Claus slasher en 1984. “Silent Night, Deadly Night” nos cuenta la historia de un chico y su hermano, quienes son asustados por su abuelo, quien les dice que Santa Claus no sólo entrega regalos, sino que castiga terriblemente a los chicos que se portan mal. Luego los hermanos quedan huérfanos debido a un accidente y en el orfanato son víctimas de los abusos de una monja que los acusa de ser malos. Así, cuando el hermano mayor cumple 18, se disfraza de Santa y comienza a matar a todos los que considera que han sido chicos malos. Este fue un film que causó las quejas de padres preocupados, los cuales no aceptaban que un personaje amado por los niños se viera asociado con sangrientas masacres. Al final, los grupos conservadores ganaron y lograron que la película saliera de las salas.


En 1986 una película de slasher se encargó de jugarles a todos una enorme broma. “April Fool’s Day” se trata de un grupo de amigos que van a pasar un fin de semana a la mansión de la familia de una de las chicas y que se encuentra en una isla. Obviamente, comienzan a ser atacados por un asesino en serie, siendo esta la hermana gemela loca de la chica dueña de casa. La verdad es que la película tuvo críticas malas, cosa que siempre fue común para el cine de slasher. Por su lado, el público se dividió, pues muchos encontraron interesante lo que planteaba, mientras que otros se sintieron engañados. Les dejo la inquietud para que la vean y ustedes mismos se hagan una opinión.


Por su lado, quienes han apartado bastante al género del terror y al del slasher en particular son los italianos. En 1987 nos presentaron una película llamada originalmente como “Deliria”, pero que al llegar a las salas americanas fue rebautizada “Stage Fright”. Dirigida por Michele Saovi, trata sobre un enfermo mental que se escapa de un manicomio, se pone una máscara de pájaro y comienza a masacrar a una compañía de actores que ensaya en un teatro cerrado. No se trata de una mala película, pero podemos ver que el patrón comienza a repetirse, lo cual va a provocar una rápida degradación de un género que ya en su génesis era una propuesta sencillísima, fácil de caer en cliché.


El último estertor de la década dorada de los slasher, cuando el género se encontraba en un evidente declive vino de la mano de un muñeco. “Child’s Play”, conocida en algunos países como “Chucky el Muñeco Diabólico”, es una película de 1988  que trata acerca de un asesino en serie que es perseguido por la policía, debido a esto es herido y se resguarda en una juguetería, dándose cuenta de que está a punto de morir. Entonces, valiéndose de un ritual vudú, el asesino transfiere su alma a un muñeco, buscando conseguir vengarse de sus perseguidores y poder encontrar un cuerpo donde luego volver a transportar su ser. Como era de esperarse, el muñeco llega a las manos de un chico común y corriente, desatando un infierno de asesinatos sangrientos. La película fue un éxito, siendo el germen (para variar) de una serie de filmes que terminaron siendo una caricatura de sí mismos. 


Ahora, la decadencia de los slasher en la segunda mitad de los ochentas se debe a varios factores. Uno fue la falta de originalidad de muchas películas, las cuales únicamente eran una copia de “Viernes 13”, “Halloween” o “Pesadilla”, sin aportar nada nuevo al tema, sólo más litros de sangre y muertes más espectaculares, lo que fue contraproducente, pues el público se sentía cada vez menos impresionado por lo que les mostraban en pantalla. Por otro lado, tenemos a la crítica especializada, quienes nunca reconocieron algún valor en estas cintas, siendo consideradas por muchos misóginas y una respuesta del machismo a la liberación femenina. Estos comentarios de gente que supuestamente sabía de lo que hablaba pusieron en guardia a los padres más conservadores, quienes comenzaron a presionar a las productoras y a los distribuidores de cine para que los slasher salieran de la cartelera. Al final, para  principios de los noventas, sólo sobrevivían los slasher más conocidos, pero con filmes de una calidad cada vez más deplorable.


No obstante, cuando hablar de películas de terror se había transformado en algo casi tabú a mediados de los noventas, Wes Craven, el padre de Freddy Krueger, pensó que era posible aún darle una vuelta de tuerca a esto de los slasher, uniendo el terror con el humor y haciendo una sátira descarada e inteligente que resucitó al asesino enmascarado. “Scream” se estrenó en 1996, tratándose de una chica que está soportando el primer aniversario del asesinato de su madre, pero al mismo tiempo un asesino enmascarado comienza a acosar por teléfono a sus víctimas con preguntas de películas de slasher, luego matándolos de formas cruentas e imaginativas. Se trata de una cinta que se hace homenaje y se ríe un poco de los clásicos de los 80’s.


Así, los destajadores tuvieron un segundo aire, el cual fue aprovechado de inmediato por otros directores, quienes comenzaron a trabajar en continuaciones de las sagas antiguas, en remake o en nuevas prepuestas. Dentro de estas últimas tenemos a “Sé lo que hicieron el verano pasado” de 1997, donde volvemos al cuento del asesino que vuelve para vengar una falta del pasado. Esto debido a que cuatro jóvenes que se han graduado de secundaria viajan de vuelta de su celebración y atropellan a un sujeto y lo matan, lanzando el cuerpo al mar y olvidándose de todo. Al año siguiente, un asesino vestido con el mismo impermeable del atropellado y armado con un gancho vuelve para atormentar a los chicos debido a lo que había pasado el año anterior.


Del año 2000 es “Cherry Falls”, en que de nuevo se hace el cruce entre el slasher y los jóvenes sexualmente activos. En un pueblo rural una pareja de novios son asesinados por una extraña mujer, quien talla en sus cuerpos la palabra virgen, por lo que corre el rumor entre los adolescentes de que, si no tienen sexo pronto, los matarán, por lo que organizan una orgía en el bosque (¿Por qué no?). Al final, los asesinatos tienen que ver con una violación cometida hace años. Una campaña de abstinencia disfrazada de película de terror.


Con el nuevo milenio también llegaron nuevos creadores de contenidos de terror, siendo uno de los más destacados en rockero Rob Zombie, quien siente una especial cercanía con el género de slasher. En su primera película como director nos trae una familia de sádicos psicópatas que se entretienen mortificando a un grupo de adolescentes. “House of 1000 Corpses” es el primer intento de Rob Zombie, quien luego tuvo la osadía de meterse con un clásico como “Halloween”, cosa que le ha traído críticas incluso del mismo John Carpenter.


Como ejemplo de la rápida declive del segundo aire del slasher, en el 2005, una película bastante mala es vista principalmente porque actúa una figura de la farándula. “La Casa de Cera” nos muestra nuevamente la historia de unos chicos que se dirigen a un gran evento (un partido de futbol en este caso) y se desvían del camino y terminan en un pueblo perdido en medio de la nada donde se encuentra un museo de cera, el cual posee una colección muy realista de figuras. Al final, tenemos más muertes cruentes, un asesino desfigurado, cadáveres convertidos en muñecos de cera y a Paris Hilton actuando como la mierda.


Hoy las películas de slasher siguen buscando variaciones para poder contar el mismo cuento de siempre, en que un asesino o un grupo de ellos intentan dar cuenta de unos adolescentes con gustos por la droga y el sexo sin protección. El sencillo planteamiento de estas películas fue absolutamente efectivo en el mundo conservador de los ochentas, pero luego se volvió una eterna repetición, y el abuso del gore simplemente hizo a la audiencia más insensible a lo que estas películas intentaban generar en ellos. Hoy podemos ver cosas más terribles en un noticiero cualquier día de la semana que lo que nos puede presentar una película de asesinos enmascarado. No obstante, estas masacres han dejado el mundo de los grandes éxitos cinematográficos y vuelto al cine de bajo presupuesto, donde jóvenes creadores, con más imaginación que recursos, buscan crear cosas originales y que le hielen la sangre al público ¿Quién sabe? Quizá en el futuro el slasher se levante nuevamente de sus cenizas y con cuchillo nos destripe a todos… de forma alegórica, obviamente.

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