martes, noviembre 08, 2016

Elecciones en EEUU: Algunos datos interesantes.



Nos guste o no, lo que pase en Estados Unidos nos afecta a todos. Es como Francia en el siglo XVIII, donde se decía que si París estornudaba, Europa se resfriaba. Hoy estamos en la recta final de una de las elecciones más peleadas y polémicas de las que se tenga memoria en la República del norte, mostrándonos todas esas peculiaridades que tiene la democracia americana y que la aleja bastante de nuestros sistemas electorales. Por ello, hablemos un poco de las cosas que debemos tener en cuenta hoy para entender lo que pasa en Gringolandia.
Lo primero que tenemos que tener claro es que las elecciones presidenciales en Estados Unidos son indirectas de una forma bastante peculiar. En la mayoría de nuestros países de Hispanoamérica tenemos repúblicas presidencialistas donde elegimos como primer mandatario al candidato que saca más votos válidamente emitidos en la elección; mientras que en el sistema parlamentario, como el de España, uno elige al parlamento y éste designa al jefe de gobierno según el partido o bloque político con más escaños parlamentarios. En Estados Unidos la cosa es diferente, ya que se ve cada estado por separado, pues lo que en realidad se hace es elegir representantes que vayan a un colegio electoral, quienes son los que verdaderamente eligen al presidente. Cada estado tiene una cantidad de representantes en el colegio electoral (o votos electorales) que es determinado según la población que se contabilizó en el último censo; los votantes marcan su preferencia para la presidencia, se cuenta los votos y se determina quién gana. La característica peculiar de este sistema radica en que el candidato con mayoría en un estado determinado se lleva todos los votos electorales de ese estado, independiente de que haya ganado por 1 millón de votos o por uno. Es por esto que se puede dar la paradoja de que el ganador tenga menos votos populares que el perdedor, como sucedió en la elección entre Bush y Gore.


Ahora bien ¿Por qué a los norteamericanos les gusta este sistema tan complicado? Pues esto viene desde el principio de su vida republicana, cuando se estaban recién formando como nación y las 13 colonias iniciales se transformaban en estados semi independientes unidos por un gobierno federal. En primer lugar se buscaba dar mayor preponderancia al carácter federal de la república, pero también existía una trampa. Desde el principio hubo roces entre los estados del norte y del sur debido a sus diferentes formar de encarar el desarrollo económico, siendo el aspecto que más discordia generó la esclavitud. Con este sistema, los sureños se aseguraron durante mucho tiempo que no saliera electo un candidato que contrariara sus intereses. No obstante, el crecimiento de la cantidad de estados fue arrinconando cada vez más a los sureños, quienes no fueron capaces de evitar la elección de Lincoln. Así, armaron una guerra civil que al final resultó ser un enorme tiro por la culata.


Otra cosa que hace especial al sistema político de Estados Unidos es que su espectro político es mucho más flexible que el nuestro. En la mayoría de nuestros países se diferencia claramente la posición de un partido, sea esta de izquierda, derecha o centro, lo cual se lo debemos a la revolución francesa, pues en la sala de la Asamblea Nacional Constituyente de 1789, los monárquicos y conservadores se sentaron a la derecha, los moderados en el centro y los representantes del pueblo llano y más extremos en su deseo de cambio a la izquierda. En Estados Unidos esta tipificación también funciona, pero es uno de los pocos países donde la ubicación de sus principales partidos se invirtió con los años. Veamos, el partido republicano nació como un partido progresista, quienes defendían la abolición de la esclavitud, mayor poder para el estado federal y mayores impuestos, mientras que los demócratas se mantenían en posturas conservadoras tanto en lo político como lo económico. La Guerra Civil provocó que el partido demócrata fuera relegado a su mínima expresión, pues muchos de sus miembros apoyaron la rebelión del sur, por lo que los republicanos dominaron el gobierno casi toda la segunda mitad del siglo XIX y el principio del XX, comenzando su giro a la derecha por lo menos en lo económico, creando una economía totalmente desregulada, proteccionista con respecto al mercado exterior y con muy bajos impuestos. No obstante, este paraíso capitalista colapsó con la Gran Crisis económica del 1929, la cual dejó a millones de americanos reducidos a la miseria. Ahí aparecen nuevamente los demócratas, quienes guiados por Franklin D. Roosevelt adoptaron las ideas del Keynesianismo de un estado que regula la economía y se preocupa de ayudar a los más necesitados. Luego, con Kennedy los demócratas se apropiaron de la defensa de los derechos civiles, dejando definitivamente atrás su pasado conservador y esclavista, y quitándoles de paso los votos de la gente de color a los republicanos. No obstante, es en los ochentas cuando los republicanos definitivamente asumen la nueva realidad y se posicionan sin complejos en la derecha, con Reagan y Bush empujando su revolución conservadora que estaba abiertamente en contra de impuestos elevados, la intervención del estado en la economía y los programas de ayuda social. Así, hoy los demócratas se alinean en la corriente progresista, mientras los republicanos son conservadores neoliberales, lo cual de todas maneras está muy matizado por corrientes internas dentro de los partidos.


Otro detalle que solemos olvidar es que en las elecciones americanas no se vota sólo por el candidato a presidente, sino que por una dupla que postula a la presidencia y la vicepresidencia de Estados Unidos. Ahora, el vicepresidente funciona como presidente del senado y reemplaza al presidente si este no puede terminar su mandato. Supuestamente el vicepresidente también es consejero del presidente, pero se ha dado el caso en que no existió absolutamente ninguna relación entre ambas autoridades, como entre Kennedy y Lyndon Johnson, quienes incluso estaban en desacuerdo en importantes temas políticos.


Ahora, en cuanto a la coyuntura de la elección actual, esta debe de ser una de las más polémicas y sucias de los últimos años, donde pareciera de los votantes no se ven en la disyuntiva de optar por el mejor de los candidatos, sino por el menor de los males. En cuanto a Trump, ya hablé de él en otro artículo, pero resumiendo, se trata de un misógino racista que ha calado con su discurso entre la población anglosajona con menor nivel educacional, la más prejuiciosa y que se encuentra muy enojada con la política tradicional. Es el tipo de apuesta que viene repitiendo la derecha norteamericana en que opta por el mínimo común denominador, un tipo intelectualmente deficiente, que cree en idioteces como la anti vacunación o que el calentamiento global es una mentira, que basa su idoneidad para el cargo de presidente en éxito en los negocios, independiente que esto lo haya logrado en muchas ocasiones por medios para nada éticos. Es el equivalente a nuestros caudillos latinoamericanos, quienes se presentan como salvadores de la nación pero hacen uso de un discurso hueco, lleno de lugares comunes y que sólo buscan vender humo y exacerbar la vena chovinista y nacionalista de los votantes.


Por otro lado, si bien Hillary Clinton está indudablemente mejor preparada que Trump para la responsabilidad de ser presidenta, tanto a nivel intelectual como por su carácter, debe ser uno de los peores candidatos del partido demócrata en su historia. En primer lugar, carece de carisma o credibilidad, tratando por todos los medios de parecer agradable con esa terrorífica y fría sonrisa en su cara. Además, al igual que Trump, su campaña ha obviado las propuestas, sino que le dice a sus votantes que la prefieran a ella, pues de lo contrario tendrán que aguantar a Trump; la teoría del mal menor. El famoso error de sus mails cuando fue secretaria de estado que puso en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos le pesa, además de que ha intentado vestirse con los colores del feminismo, a pesar de que sigue usando el apellido de su marido porque es más redituable políticamente (si les hablo de Hillary Rodham de seguro más de alguno pensaría ¿Quién?).


Así, el mundo contiene la respiración y espera el resultado para ver como el mapa de Estados Unidos se va tiñendo de rojo (republicanos) o azul (demócratas). Veremos claramente mañana recién quién se quedará con el cargo político más importante del globo.

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