viernes, marzo 31, 2017

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Psíquicos.


Dentro de las modernas creencias paranormales, quizá una de las más extendida entre las personas es la de la existencia de personas con dones especiales, capaces de realizar cosas que el resto de los mortales sólo hemos logrado en nuestros más alocados sueños. Estos sujetos reciben el nombre de psíquicos, y suelen ganarse la vida a costa de estos dones, ayudando a las personas que acuden a ellos a cambio de una módica suma de dinero. Por ello, hoy en nuestra sección que aborda lo vomitivamente estúpido, hablaremos de los psíquicos y sus supuestos poderes.

La catalogación de los psíquicos y sus poderes es un embrollo de proporciones; esto debido a que dentro de esta categoría los estudiosos de la parapsicología han metido a todo fenómeno raro observado alguna vez. Dentro de las supuestas facultades que puede presentar un psíquico podemos encontrar cosas como la psicoquinesis (mover cosas con la mente), piroquinesis (incendiar cosas con la mente), telepatía (leer mentes), proyección astral (salir del cuerpo), mediumnidad (hablar con los muertos), clarividencia (adivinar cosas), radiestesia (encontrar agua subterránea) y un largo etcétera de cosas tan maravillosas como imaginarias. Y es que esta caja de sastre fue en la que se guardó todo aquello que en la antigüedad se consideraba magia, concepto que cayó en desuso en el siglo XIX, donde se intentó dar un barniz de ciencia a las creencias sobrenaturales del pasado.


Así, brujas, magos y charlatanes adoptaron el nombre de psíquicos, ganando un nuevo halo de credibilidad frente a público, lo cual era avalado por sociedades pseudocientíficas y grupos religiosos como los teosóficos, los cuales amalgamaban creencias de diferentes tradiciones esotéricas, independientes de que estas se contradijeran entre sí. Esta fue una gran época embaucar crédulos, con sesiones de médiums en los salones más elegantes de la alta sociedad, personajes que inventaban historias inverosímiles como la famosa madame Blavatsky, o consejeros psíquicos que llegaron con sus inventos a los oídos de la misma Reina Victoria. No obstante, a diferencia de otras épocas, ahora había profesionales que se dedicaban a crear ilusiones para entretenerlos, pero sin proclamar que su arte fuera debido a algún poder especial, sino producto del ingenio. De entre las filas de estos “magos” profesionales saldría un adalid de la razón, quien denunciaría con fuerza el timo de los psíquicos.

Helena Blavatsky
Todos conocemos, a lo menos de nombre, al gran Harry Houdini, el famoso ilusionista y escapista americano de origen judío-húngaro cuyo verdadero nombre era Erik Weisz. Gran atleta, desde joven se vio atraído por el mundo del espectáculo, cambiando su nombre a Harry Houdini en honor a uno de los primeros ilusionistas modernos, el francés Jean Eugène Robert-Houdin. No obstante, cuando ya era famoso, explotó la Primera Guerra Mundial, la cual dejó casi 20 millones de muertos, lo que resultó ser un acicate para un boom del espiritismo, con varias familias acongojadas buscando hablar con sus hijos, maridos o hermanos muertos en los frentes de la Gran Guerra. Fue así que una médium en busca de fama le entregó a Houdini un mensaje de su querida madre, fallecida hace poco; pero la supuesta médium no tuvo cuidado en los detalles y esto llevó a que el mago descubriera el engaño. Supuestamente el mensaje le llegó a la mujer durante un trance en que lo escribió automáticamente, pues el espíritu de Cecilia Steiner (la madre de Houdini) se había apropiado de su cuerpo. El problema fue que el mensaje estaba en inglés, al principio traía el dibujo de una cruz cristiana y su contenido era totalmente ambiguo en cuanto a detalles personales de la relación entre madre e hijo. Ahora, da la casualidad que la familia de Houdini no era cristiana, sino judía, además de que su madre no hablaba inglés, sino una mezcla de yidish, húngaro y alemán.


Al final, Houdini se dedicó hasta su muerte a desenmascarar a estos charlatanes que se aprovechaban del dolor de los deudos que deseaban comunicarse por última vez con sus seres queridos idos. Esta cruzada le llevó a tener amargas polémicas con su amigo el escritor Arthur Conan Doyle, quien era un devoto creyente en lo paranormal, pero también a ser reconocido y temido como el enemigo número uno de psíquicos que usaban trucos de ilusionistas para engañar a los crédulos. Incluso luego de muerto fue un azote para los médiums, pues dejó un código secreto a su mujer con una lista de palabras especiales, las cuales debían de ser debeladas por alguno de estos iluminados que hablan con los muertos para ganarse un cuantioso premio en dinero. Hasta la muerte de la viuda de Houdini, nadie fue capaz de descubrir el código que ella se llevó consigo a la tumba.


No obstante, a pesar de su trabajo en contra de la superstición, los psíquicos siguieron teniendo influencia en la sociedad, desde la gente común y corriente hasta las esferas dirigentes, todos teniendo en común una arraigada fe en lo sobrenatural basada en su ignorancia. Un caso destacable es el de Adolf Hitler, quien desde la época en que era sólo un pintor sin talento en Viena ya se aficionado a lo sobrenatural y oculto. Cuando los nazis subieron al poder en Alemania, Hitler se siguió asesorando por diferentes psíquicos en cuanto a asuntos de estado. Se sospecha que muchas de las decisiones más estúpidas que el Führer tomó durante la guerra (como la invasión a la Unión Soviética o no mover tropas para reforzar las defensas en Normandía) fueron tomadas debido a los consejos de sus videntes.

Erik Hanussen, unos de los psíquicos de Hitler

Y dentro de la colección de pintorescos personajes que dicen tener poderes especiales tenemos a Edgar Cayce (1877-1945), también conocido como el Profeta Durmiente. El señor Cayce fue un psíquico que supuestamente caía en profundos trances hipnóticos en los cuales era capaz de hacer “lecturas de vida” a las personas que le consultaban, en las cuales era capaz de diagnosticar enfermedades y recetar curas. Por otro lado, existen un montón de profecías hechas por Cayce acerca de cosas increíbles, como que Japón y California se hundirían en el mar, que después de siglos de búsqueda daríamos con la Atlántida en el medio del mar Caribe o que se encontraría un enorme templo de oro en el desierto de Gobi. En primer lugar, sabemos que las recetas de Cayce no eran para nada apropiadas a tratar enfermedades, basándose en tomar infusiones de yerbas o en el uso de rocas de cuarzo. Por otro lado, sus famosas profecías son una muestra de lo que suelen ser esta clase de predicciones, con mucho desastre y muerte, pero nada concreto. De hecho, entre muchas de las cosas que no fue capaz de ver Cayce mientras dormía, hay dos que se ocultaron especialmente a sus poderes y de las que nunca dijo nada: Las dos Guerras Mundiales. Quizá estos dos conflictos que, sumados, mataron a casi 80 millones de humanos, eran demasiado irrelevantes para los poderes de este sujeto.


Y las cosas no paran acá, pues incluso las naciones en disputa durante la Guerra Fría quisieron usar a los psíquicos como armas. Se sabe en la actualidad que tanto americanos como soviéticos tuvieron programas para estudiar las supuestas habilidades paranormales de algunos de sus ciudadanos y, de ser posible, poder usarlos como armas en contra de sus oponentes ideológicos. Obviamente, ambas potencias en algún momento llegaron a la conclusión que todo esto era una gran estupidez y que no les traería ninguna ventaja estratégica. Al final, los americanos encontraron más útil crear crisis económicas o financiar dictaduras fascistas, mientras que los rusos pusieron sus fichas a la insurgencia y al uso de sus bellas espías.

Soviéticos prueban los supuestos poderes de la psíquica Nina Kulagina.

Pero a pesar que una y mil veces todas estas teorías acerca de poderes mentales extraordinarios chocan contra la realidad, la gente se empecina en creer con convicción en cualquier charlatán que los engaña con trucos de feria. Uno de estos vendedores de humo es el, hasta hoy famoso, psíquico de origen israelí Uri Geller. Este ex militar y ex modelo comenzó su carrera como un simple ilusionista en los clubes de Tel Aviv, pero a medio andar se le ocurrió decir que sus poderes eran reales y que era capar de tener visiones y de manifestar el don de la radiestesia, pudiendo encontrar aguas subterráneas o minerales. Así, para mediados de la década de los 70s Geller recorría los programas de televisión doblando y quebrando cucharas, adelantando y deteniendo relojes a cuerda o adivinando dibujos en sobres sellados; todo esto gracias al poder de su mente. Pero el astuto señor Geller no contaba con que se encontraría con un digno sucesor de Houdini. El mago y escéptico James Randi fue el primero en denunciar que Geller no hacía nada extraordinario, sino que usaba trucos de ilusionismo. De hecho, él demostró que también podía doblar y quebrar una cuchara o una llave; pero su triunfo llegó con el programa The Tonight Show del presentador Johnny Carson, donde fue invitado Geller y se le presentaron un montón de cucharas y relojes a los que no había tenido acceso ni él o alguien de su equipo. Como era de esperarse, Uri Geller esa noche no mostró sus poderes y se disculpó diciendo que era debido al stress y a las malas vibraciones que emanaban del presentador del programa debido a su escepticismo.


Otro caso patético es que James Hydrick, un practicante de artes marciales que en los 80s se dio a conocer en la televisión como un psíquico telequinético, moviendo hojas de guías telefónicas y lápices puestos en posiciones especialmente inestables. Nuevamente, gracias a medios alcahuetes que quieren ganar rating a cualquier costo, un estafador se hace famoso. Pero los cinco minutos de fama de Hydrick llegaron a su fin cuando se cruzó con James Randi. El truco usado por Hydrick era tan básico que sólo bastó unos trocitos de fibra de plástico (de esa que se usa para rellenar cajas que llevan cosas delicadas) para anularlo. El sujeto sencillamente soplaba para mover los livianos objetos afectados por su poder, por lo que los livianos trocitos de plástico le impidieron hacer su truco. En el momento, James Hydrick dijo que, debido a la iluminación del estudio y al plástico, las hojas se habían magnetizado y el no pudo moverlas. Era una disculpa del todo estúpida, por lo que la prensa lo siguió acosando hasta que tuvo que reconocer que no tenía ningún poder.


Y así podemos nombrar un montón de casos, pues de seguro en cada uno de nuestros países tenemos a estos estafadores que se ganan la vida aprovechándose de la ignorancia de las personas. Desde los que venden humo en la televisión a esos supuestos sanadores o adivinos que tienen consultorios llenos de chucherías esotéricas, estos famosos psíquicos siguen enquistados en nuestras sociedades modernas, lo que es incomprensible para una época en que tenemos conocimientos suficientes como para explicar la mayoría de los fenómenos de la naturaleza. Se supone que esta es la era de la información, por lo que era esperable que eso ayudaría a la educación del público; pero por desgracia las ideas más locas llegan a los oídos de la genta y, por algo que el señor James Randi llama “Pensamiento Mágico”, parece tomar un sentido real en sus cabecitas.


El asunto de los psíquicos es una de estas ideas peregrinas, la cual usa un montón de verdades a medias o mentiras a secas para justificarse. Acá tenemos algunas de las más usadas:
- Los humanos sólo usamos el 10% de nuestra capacidad cerebral, por lo cual los psíquicos simplemente han desarrollado un poco más las habilidades de sus cerebros. Ya perdí la cuenta de las veces que he leído o escuchado esta frase, supuestamente cimentada en estudios hechos por científicos en alguna universidad de no sé dónde. La verdad es que nadie sabe de dónde salió esa cifra del 10%, porque el cerebro funciona a la mayor capacidad que la biología y aptitudes que cada individuo permiten. Ahora, puede ser que nuestro cerebro trabaje de manera inconsciente en la mayoría de sus funciones, pero no hay ninguna parte de él que esté constantemente apagada. Si alguno vio la película “Lucy” y tiene la esperanza de que eso sea real, lo siento, pero no es así.


- Las grandes potencias han estudiado y usado psíquicos para sus oscuros planes conspirativos. Como les dije más arriba, cuando hablé de la Guerra Fría, todos los intentos por demostrar la realidad de los supuestos poderes psíquicos de algunos sujetos terminaron en un rotundo resultado negativo. Ahora, muchos pueden decir que los americanos, rusos, chinos o quien sabe quién más mantienen su guerra psíquica en secreto, pero la verdad es que sólo hay que estudiar un poco de historia o ver las noticias para saber que los conflictos actuales no tienen nada de sobrenatural. Por otro lado, también está la posibilidad de que las potencias no hayan encontrado utilidad estratégica al poder de doblar las cucharas del enemigo por arte de magia.


- En el Tíbet los lamas, gracias a sus largas jornadas de meditación, han logrado despertar sus poderes psíquicos. ¿Alguien cree que, si el Tíbet tuviera monjes con la capacidad de leer la mente, mover cosas, ver el futuro o generar fuego espontáneamente, seguiría bajo el dominio de la República Popular China? De ser ese el caso, el mismo Dalai Lama ya se hubiera cargado a varias divisiones del ejército chino ¿O será que el pacifismo del budismo tibetano les impide usar esas maravillosas habilidades para defender la independencia de su país? Si es así, van tener que seguir organizando conciertos en ayuda del Tíbet por mucho tiempo.


- Hay investigaciones serias que han demostrados los poderes de ciertos individuos, pero la comunidad científica es tan obtusa que los desestima. Es cierto que de vez en cuando sale alguna noticia de dudosa procedencia acerca que en alguna universidad o instituto de investigación se descubrió la existencia real de fenómenos psíquicos. Puedo asegurar que por lo menos el 90% de estas investigaciones son falsas; pero eso nos deja un 10% de investigaciones reales que si han dado crédito a los psíquicos. Ahora, cuando analizamos la metodología con que se realizaron esos estudios, es fácil encontrar varios errores metodológicos o que sencillamente se ha obviado el método científico. La mayoría de los parapsicólogos que se dedican a investigar estas cosas cometen el pecado de toda pseudociencia, poniendo la carreta delante de los bueyes. Ellos creen que estos fenómenos son reales, por lo que buscan las pruebas que avalen sus creencias. Eso no es ciencia.


Uri Geller en una de sus entrevistas contó cuál era la forma en que canalizaba sus habilidades especiales. Según él, sencillamente se tenía que sentenciar con total convencimiento lo que se desea que ocurra. Así, él mentalmente les decía a las cucharas “¡Dóblate! ¡Dóblate! ¡Dóblate!” y las cucharas se doblaban. Si esta explicación pueril le hace algún sentido, le invito a que lo intente y practique mucho doblando cucharas o deteniendo relojes y me escriban para saber cómo les fue ¿Cómo saben? Quizá sean los próximos Uri Geller.

Post Scriptum: James Randi y su fundación han mantenido durante casi 30 años un desafío a los psíquicos para que demuestren sus poderes en un ambiente contralado y usando el método científico para cotejar los datos. Si alguien logra demostrar que sus habilidades son reales, se adjudicarán un premio de 1 millón de dólares, el cual se encuentra depositado en una institución bancaria y con reglas establecidas ante notario. Nadie ha ganado el premio.

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