lunes, julio 17, 2017

Adiós al Padre de los Muertos Vivientes


En 1968 la gente que asistió a las salas de cine para ver una rara película de terror de bajo presupuesto quedó horrorizados por lo que aparecía en pantalla. Si bien eran pocas las salas de cine en las cuales se exhibió la cinta, pronto gracias al boca a boca fueron miles los que miraban con miedo y una buena cuota de morbo cómo unos muertos caminantes devoraban a los vivos. Así, con sólo 114.000 dólares, el director George A. Romero creó un clásico del cine de terror moderno y, de paso, todo un nuevo subgénero. Ayer, este cineasta que siempre se mantuvo en la periferia de la industria, dejó este mundo a la edad de 77 años.

Realmente el género del terror sería muy diferente el día de hoy de no haber existido un George Romero. Este hijo de una pareja cubano-lituana que se crio en el Bronx, Nueva York, desde muy joven se vio atraído por el celuloide. Paradójicamente, uno de sus primeros trabajos fue en el programa infantil “Mister Rogers’ Neighborhood” (toda una institución de la TV americana). Luego creó una productora con unos amigos llamada Image Ten Production, dedicada en un principio a hacer comerciales, pero que pronto se dedicaría al cine, siendo su primera producción una revisión del mito del zombi: “La Noche de los Muertos Vivientes”.


La verdad es que Romero y el escritor del guion, John A. Russo, jamás pensaron en el zombi cuando crearon esta cinta. Los muertos vivientes de la mitología africana y caribeña sólo eran cadáveres reanimados que realizaban trabajos de esclavo para algún hechicero, mientras que los muertos vivientes de Romero tenían más relación con los goules árabes, que eran cadáveres caníbales reanimados por demonios. Es por eso es que en ningún momento de “La Noche de los Muertos Vivientes” se usa el nombre zombi, pues se trataba de una creación nueva, un producto de algún experimento fallido impreciso, ya fuera un arma biológica o debido a la radiación. Eran cadáveres sin conciencia a los que sólo los movía un hambre enorme por la carne humana y que, a través de la mordedura, infestan a otros con el mal de la muerte en vida, siendo sólo detenidos si se les daña el cerebro. El resto fue historia.


Así, Romero ya nunca más podría desligarse de su relación con los zombis, a pesar de que hizo otras películas de terror con temáticas diferentes. No obstante, esto no le importaba, pues siempre estuvo orgulloso de lo que creó y cómo, a partir de una cinta en blanco y negro de serie B, nació todo un subgénero que sobrepasó las fronteras del cine, llegando a las novelas, los comics, la música y los videojuegos. Si eres fanático de “The Walking Dead”, o has disfrutado jugando algunas de las versiones de “Resident Evil”, pues todo esto se los debes en gran medida al señor Romero.


George Romero no sólo es el director de “La Noche de los Muertos Vivientes”, sino que rodó toda una saga acerca de zombis, donde quizá la más notable de todas sus cintas es “Dawn of the Dead”, donde continúa con la historia de su primera cinta y hace una crítica muy ingeniosa del consumismo. También nos mostró a brujas urbanas en “Season of the Witch” de 1972; en “The Crazies” de 1973 nos lleva a un pueblo donde la gente se transforma en maniáticos asesinos debido a una plaga provocada por un experimento biológico del ejército; su especial acercamiento al vampirismo se da con “Martin” de 1978; y en  “Creepshow” de 1982 pudo trabajar con su gran amigo, el escritor Stephen King. Incluso en los noventas se pensó en él para dirigir la miniserie de televisión “It”, basada en la novela homónima de King, pero se le desechó por creer que el resultado sería demasiado gore.



Así, uno de los grandes innovadores del terror nos dejó ayer debido a un cáncer al pulmón. Admirado por mucho de los modernos autores y directores de terror, su legado es inconmensurable, siendo reconocida su obra por su valor artístico; pues si bien hacía uso de la sangre y la truculencia, detrás de ella había un mensaje más profundo, una crítica a la sociedad americana que estaba devorando a sus jóvenes enviándolos a la muerte en los arrozales de Vietnam, o a la imagen de zombis que pululan por un centro comercial y que es una alegoría descarada del consumismo. Gracias a George Romero los muertos se levantaron de sus tumbas para mostrarnos recovecos oscuros de las almas de los vivos.

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